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Rome Reports

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Vaticano expone una Biblia que fue a la Luna y el Evangelio más antiguo que se conserva

Entre los Manuscritos del Mar Muerto, que son los textos bí­blicos más antiguos del mundo... y este microfilm, que contiene la Biblia y que fue a la Luna y volvió a bordo del Apolo 14, hay unos 2.000 años de distancia.

Ambas piezas muestran que la Biblia es un libro único y la exposición "Verbum Dominiâ? lo cuenta a través de más de 150 piezas de incalculable valor. 

CARY L. SUMMERS

Museum of the Bible, Oklahoma City (EE.UU)

"La tecnologí­a que tenemos hoy, y que no existí­a hace muchos años, nos ha permitido ocuparnos de los escritos que estaban debajo de los escritos. En esta colección está el Climaci Rescriptus. Tiene una capa de escritura siriaca y casi no se puede ver pero, con la luz adecuada, emerge y se percibe el texto más antiguo escrito arameo, la lengua de Jesúsâ?.

La muestra está junto a la plaza de San Pedro y reúne piezas únicas, como estos papiros, que son los más antiguos que se conservan con fragmentos del Evangelio.

La Biblia al completo está contenida aquí­, en el Codice Vaticanus, una de las joyas de la muestra. 

Muchas de estas obras son aportaciones del Vaticano pero la gran mayorí­a proceden de la colección privada de la familia Green, que reúne más de 44.000 objetos de carácter bí­blico.

STEVEN GREEN

The Green Collection

"Creemos que lo que la Biblia dice es que durará para siempre. Creemos que la historia es para las personas de todos los tiempos y, en ese sentido, pensamos que es eterna porque tiene un mensaje para las personas de todos los tiemposâ?.

A lo largo de este recorrido siguiendo las huellas de la Biblia en la historia, no podí­an faltar piezas como el Papiro Bodmer que contiene el Padre Nuestro más antiguo.

Pero la Palabra de Dios no sólo se ha traducido a letras, también a colores, como en estos iconos etí­ope y ruso; y a notas: el Medievo puso música a los versí­culos y el mensaje de Dios se acompañó de melodí­a.

Poco después, Lutero se apartaba de la Iglesia de Roma y traducí­a la Biblia al alemán. De este ejemplar se ocupó él mismo. 

Y mientras esto sucedí­a, los misioneros, Evangelio en mano, buscaban otras tierras. Y las encontraban. Por eso hizo falta traducir la Biblia al cherokee, el idioma de los nativos americanos. O al chino, como se lee en esta madera en la que están escritos los 10 mandamientos.

Otras manos, como las del astronauta Edgar Mitchell, la llevaron mucho más lejos. Eso sí­, en un cómodo formato capaz de condensar 1245 páginas y la historia más grande jamás contanda, en tan sólo cuatro centí­metros.

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