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Rome Reports

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Papa en Santa Marta: El pecado no es una mancha que se quita en la tintorería

En su homilía en Casa Santa Marta el Papa Francisco habló sobre las dificultades de las personas para obedecer a Dios. Dijo que, en lugar de escucharlo, muchos hacen justamente lo opuesto y luego le piden perdón. 

FRANCISCO
“No es una mancha que hay que quitar. Si fuera una mancha, bastaría con ir a la tintorería y hacerla limpiar… No. El pecado es una relación de rebelión contra el Señor. Es malo en sí mismo, pero malo contra el Señor, que es bueno. Y si yo pienso así sobre mis pecados, en lugar de entrar en depresión, siento aquel gran sentimiento: la vergüenza”.

Por último aseguró que cuando Dios ve a las personas arrepentidas por sus pecados las abraza y las perdona. Por eso, invitó a los cristianos a pedir la gracia de la vergüenza.

EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL PAPA
“Nadie puede decir: ‘Yo soy justo’, o ‘yo no soy como aquel o como aquella’. Yo soy pecador. Yo diría que casi es el primer nombre que todos tenemos: pecadores. Y después, ¿por qué somos pecadores? Hemos desobedecido, siempre en relación con el Señor: Él ha dicho una cosa y nosotros hemos hecho otra. No hemos escuchado la voz del Señor: Él nos ha hablado tantas veces. En nuestra vida, cada uno puede pensar: ‘¡Cuántas veces el Señor me ha hablado a mí! ¡Cuántas veces no lo he escuchado!’. Ha hablado con los padres, con la familia, con el catequista, en la iglesia, en las predicaciones, también ha hablado a nuestro corazón”.

“No es una mancha que hay que quitar. Si fuera una mancha, bastaría ir a la tintorería y hacerla limpiar… No. El pecado es una relación de rebelión contra el Señor. Es malo en sí mismo, pero malo contra el Señor, que es bueno. Y si yo pienso así mis pecados, en lugar de entrar en depresión, siento aquel gran sentimiento: la vergüenza, la deshonra de la que habla el profeta Baruc. La vergüenza es una gracia.”

“Cuando el Señor nos ve así, avergonzados por lo que hemos hecho, y con humildad pedir perdón, Él es el omnipotente: borra, nos abraza, nos acaricia y nos perdona. Éste es el camino para llegar al perdón, lo que hoy nos enseña el profeta Baruc. Alabemos hoy al Señor porque ha querido manifestar la omnipotencia precisamente en la misericordia y en el perdón; después, también en la creación del mundo, pero esto viene en segundo lugar. Sobre todo en la misericordia y en el perdón, y ante un Dios tan bueno, que perdona todo, que tiene tanta misericordia: pidamos la gracia de la vergüenza”.