Quisiera continuar en el día de hoy hablando de Santa Ildegarda de Bingen,
religiosa benedictina de origen alemán que, en el siglo doce, se distinguió
por su santidad y sabiduría espiritual.
Esta santa gozó durante toda su vida de continuas visiones místicas, que
una vez reconocidas por la autoridad de la Iglesia, se pusieron por escrito en
diversos libros. Éstos rezuman un amplio conocimiento de las Sagradas
Escrituras y de los Padres de la Iglesia.
Las obras de Santa Ildegarda se
centran en la exposición de los principales misterios de la historia de la
salvación, presentados con una notable profundidad teológica, y con su
peculiar inteligencia y sensibilidad femenina. Además de su producción
teológica y moral, Ildegarda abordó temas relativos a la medicina, las
ciencias naturales o la música.
Gozó de gran popularidad en su época, por lo que numerosos obispos y abades
mantenían correspondencia con ella, consultándole muchos de los problemas que
se les planteaban. En los últimos años de su vida, se dedicó también a
hablar de Dios a la gente, subrayando especialmente la necesidad de una continua
conversión en la vida monástica y sacerdotal.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la
Diócesis de Tula, en México, que están celebrando el cincuenta aniversario de
la creación de esa diócesis; a los médicos y administrativos de la
Arquidiócesis de Salta, en Argentina; así como a los demás fieles
provenientes de España, México, Panamá, El Salvador, Honduras y otros países
latinoamericanos. Invoquemos al Espíritu Santo, para que suscite siempre en la
Iglesia mujeres santas que, contribuyan al crecimiento espiritual de nuestras
comunidades. Muchas gracias.