9 junio 2010. Queridos hermanos y hermanas:
Quisiera comentar mi viaje a Chipre, que puede definirse como evento
histórico, pues ha sido la primera vez que el Obispo de Roma ha visitado esa
tierra. Bajo el lema "un solo corazón y una sola alma", y siguiendo las huellas
del Apóstol de los gentiles, he peregrinado a esa Isla, sobre todo, para
confirmar en la fe a las comunidades católicas, animándolas a seguir recorriendo
el camino de unidad. Asimismo, he querido desde allí abrazar espiritualmente a
todas las poblaciones del Medio Oriente, y dirigir un encarecido llamamiento a
todos los católicos de esa región para que, a pesar de las grandes dificultades
que atraviesan, no caigan en la tentación de emigrar, pues su presencia allí es
un signo insustituible de esperanza. Muy importante ha sido también la entrega
del
Instrumentum laboris de la Asamblea Especial del Sínodo de los
Obispos para Medio Oriente, que se celebrará en Roma el próximo mes de octubre.
Expreso nuevamente a todos mi gratitud por la calurosa acogida que me han
dispensado.
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los procedentes
de España, Argentina, México, Perú y otros países latinoamericanos. Os invito a
rezar por los sacerdotes, en estos días previos a la clausura del Año
Sacerdotal, y a acompañarlos siempre con vuestro afecto. Muchas gracias.