6 de mayo, 2009. Benedicto XVI ha dedicado la audiencia general de hoy a San Juan Damasceno.
Queridos hermanos y hermanas:
San Juan Damasceno, figura importante en la teología bizantina, fue, sobre todo, testigo ocular del tránsito de la cultura cristiana griega y siria, característica de la parte oriental del Imperio bizantino, al mundo islámico, que se abría paso a través de conquistas militares en el territorio que hoy se conoce como Medio y Cercano Oriente. San Juan Damasceno nació en una rica familia cristiana y, siendo joven, se ocupó de las finanzas del califato. No satisfecho de ese tipo de vida, en torno al año setecientos, ingresó en el monasterio de San Saba, cerca de Jerusalén. Allí se dedicó con todas sus fuerzas a la ascesis y a la literatura, así como a la actividad pastoral, como se puede ver por las numerosas homilías que conservamos de él. El Papa León Trece lo proclamó doctor de la Iglesia universal en mil ochocientos noventa. San Juan Damasceno es recordado, entre otras cosas, por sus tres discursos contra los que calumnian las santas imágenes, en los que aparecen los primeros intentos de legitimar la veneración de las imágenes sagradas, vinculándolas con el misterio de la encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María. Insistió también en su magisterio en la veneración de las reliquias de los santos.
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los participantes en el vigésimo segundo curso de actualización sacerdotal organizado por el Pontificio Colegio Español de San José de Roma, así como a los demás grupos procedentes de España, México, Ecuador, Argentina y otros países latinoamericanos. Que, animados por la intercesión y la presencia alentadora de los santos, demos testimonio del Evangelio de palabra y con la propia vida. Muchas gracias.