18 de diciembre, 2012. (Romereports.com) El 28 de octubre de 1936, en plena Guerra Civil española,
tres jóvenes
enfermeras de Cruz Roja Internacional fueron asesinadas mientras
cuidaban de los heridos en un hospital en el norte de España. La Iglesia
católica podría declararlas
mártires. Se llamaban Olga, Pilar y Octavia. Tenían 23, 25 y 41 años. Eran de Astorga, León. Cuando comenzó la guerra, decidieron ofrecerse voluntarias para ayudar a los enfermos. No son las primeras voluntarias que murieron en la guerra, pero sí las primeras ejecutadas por odio a la fe. El encargado de su causa de beatificación espera poder
presentar los documentos al Vaticano en las próximas semanas.
P. JOSÉ JAIME BROSEL GAVILÁ
Postulador “Uno de los testigos directos dice que escucha cómo uno de los que las custodiaban dice:“¿Dónde están las monjas?. El otro dice: Ahí están rezando. Podían haber huido y no lo hacen, y no lo hacen por estar al lado de los heridos, heridos que son de un bando y del otro, en ellas no hay otra opción que no sea la humanitaria”.Sus biógrafos aseguran que desde pequeñas fueron un
ejemplo de servicio a los demás. Trabajaban en la catequesis, recogían ropa para los pobres y eran voluntarias en los grupos de San Vicente de Paúl visitando enfermos. Las presentan como un ejemplo de compromiso cristiano con la sociedad.
P. JOSÉ JAIME BROSEL GAVILÁ
Postulador “En ellas hay una motivación de fe clarísima. Tenemos una carta que escribe Pilar Gullón a la familia que dice: “Cada vez que oigo las campanas para Misa, salgo corriendo”. Con frases sencillas, pero muestra realmente lo que les motivaba a las tres como coherencia, de las historias personales”.Y así, estas tres jóvenes enfermeras, llevaron su compromiso y su servicio a los demás hasta las últimas consecuencias, hasta la muerte.
P. JOSÉ JAIME BROSEL GAVILÁ
Postulador “Nosotros no hablamos de víctimas de la guerra hablamos de mártires, gente que murió por una persecución religiosa, no entramos en partidos políticos, no entramos en connotaciones, nosotros lo que queremos reconocer son hombres y mujeres que dieron su vida en una situación contraria a la fe”.Después de ser violadas, fueron fusiladas. Al día siguiente, sus cuerpos fueron lanzados a una fosa común. Sólo una vez pacificada la zona donde se encontraban, pudieron identificar sus cuerpos y trasladarlos hasta la
catedral de San Juan en Astorga, la ciudad que las vio nacer.
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