Romereports.com 7 abril 2010. Queridos hermanos y hermanas:
En estos días, la Iglesia celebra el misterio de la resurrección y
siente
la alegría del triunfo de Cristo sobre el mal y la muerte, que inunda no
sólo
la Octava de Pascua, sino que se prolonga hasta el Domingo de
Pentecostés.
Tras
el llanto del Viernes santo, después del silencio del Sábado santo,
viene un
anuncio espléndido: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha
aparecido a
Simón» (
Lc 24,34). Ésta es la mejor noticia de toda la historia.
En
efecto, la Pascua de Cristo es un hecho absolutamente extraordinario, el
fruto
más bello y maduro del misterio de Dios. Es el acontecimiento
fundamental de
nuestra fe, su contenido central y el motivo principal por el que
creemos.
El Nuevo Testamento no describe concretamente la resurrección de
Jesús.
Narra solamente los testimonios de aquellos que lo encontraron
personalmente una
vez resucitado. Los ángeles dieron esta noticia, invitando a las mujeres
a que
la transmitieran a los discípulos. Este anuncio ha pasado de unos a
otros con
fidelidad y valentía, llegando así hasta nosotros. Hoy se necesitan
también
testigos de Cristo resucitado y sólo lo podremos ser, si tenemos un
encuentro
personal con él.
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a
los
numerosos grupos de colegios y parroquias venidos de España, así como a
los
procedentes de México y otros países latinoamericanos. Con la ayuda de
la
Virgen María, anunciad que Cristo ha resucitado. Reitero a todos mi
felicitación pascual, con el ruego de que la hagáis llegar a vuestros
familiares y amigos. Muchas gracias.