27 de julio, 2010. En marzo de 2010 comenzó la restauración de una de las zonas de la Basílica de Santa Sabina en Roma. El trabajo duró cuatro meses, pero hubo una sorpresa que cambió el plan establecido. Al eliminar el yeso de una de las paredes de la iglesia, apareció un fresco en el que se distinguía a la Virgen María y a Jesús.
Manuela Gianandrea
Profesora Hª del Arte, 'La Sapienza'
“En primer lugar es un testimonio pictórico de la Edad Media. Sólo por esto sería suficiente, porque hay muy pocas obras de esa época. Poder datarla con precisión añade una riqueza increible al descubrimiento”.
En la representación también aparecen San Pedro y San Pablo, a ambos lados de la Virgen y Jesús, Santa Sabina y Serafia en los laterales y en la zona inferior el archipresbítero Teodoro y el presbítero Jorge.
Teodoro y Jorge tienen alrededor de su cabeza un recuadro azul que en la iconografía de la época indica que eran personas 'vivientes', a diferencia del resto de los protagonistas.
Estos religiosos fueron los delegados papales durante el Tercer Concilio de Constantinopla en el año 680 y han sido los elementos clave para poder datar la obra, que se pintó entre los siglos VII y VIII.
Otro de los factores para poder conocer la fecha en la que se pintó, es su estilo. El fresco es de una estética clásica, muy típica en el arte de esos siglos. Por suerte la obra se mantiene en buen estado a pesar de su antigüedad y ha permitido dar a conocer algunas de las innovaciones que empleó el autor.
Doctora Lidia del Duca
Historiadora del arte y restauradora
“En la obra se ha empleado un pigmento azul de un valor incalculable que viene de Afganistán y que según las investigaciones sólo se tenía constancia de su uso en los siglos sucesivos”.
Un descubrimiento que confirma la Basílica de Santa Sabina como visita obligada para curiosos, turistas y amantes del arte.
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