28 octubre 2009. Queridos hermanos y hermanas:
Hoy deseo detenerme en una serie de hechos que, durante el siglo doce,
provocaron un contexto favorable para el renacimiento de la teología latina.
En
este tiempo, en Europa reinaba la paz y el desarrollo económico y social. En la
Iglesia, la "reforma gregoriana" iba produciendo notables logros, como
la radicalidad evangélica de las comunidades y del clero o la expansión de la
vida consagrada.
Este resurgir puso las bases para que, en el siglo trece,
despuntaran figuras como Santo Tomás o San Buenaventura.
En este contexto, los monasterios fueron un ámbito de gran actividad
teológica. En ellos, los monjes, dotados de una basta cultura y de un gran
fervor evangélico, trataban de suscitar el deseo de Dios, mediante la
contemplación de los misterios sagrados en la Escritura.
Precisamente, este
acercamiento espiritual al texto bíblico -la
lectio divina- fue uno de
los temas centrales del Sínodo de los Obispos del año dos mil ocho.
Otro ámbito de este florecimiento teológico fueron las escuelas que
aparecen junto a las catedrales. Estos centros, dedicados a la instrucción del
clero, buscaban presentar la armonía y la unidad de la Revelación cristiana,
mediante el llamado "método escolástico", donde predomina la
confianza en la razón para la comprensión de las verdades de fe.
Saludo a los fieles de lengua española, procedentes de España y
Latinoamérica. En particular, a los miembros de la Cofradía de la Vera Cruz,
de Caravaca; a los fieles de la Parroquia Los Santos, de Torreón Coahuila; al
grupo del Colegio Salesiano de San Juan y a los peregrinos provenientes de
Bolivia. A todos os invito a acrecentar el deseo y la búsqueda de una íntima
unión con Dios, que anime y sostenga vuestra fe y vuestra vida como creyentes.
Muchas gracias.
---BN-