18 de agosto, 2010. “Me acuerdo en este momento de la querida población de Pakistán, afectada por las inundaciones, que han provocado numerosas víctimas y han dejado muchas familias sin casa. Mientras presento a la bondad misericordiosa de Dios a todos los que han desaparecido trágicamente, expreso mi cercanía espiritual con sus familiares y con todos los que sufren por esta calamidad. Que no les falte a estos hermanos, que tienen que pasar esta dura prueba, nuestra solidaridad y la ayuda concreta de la Comunidad Internacional”.