
6 de noviembre, 2010. Benedicto XVI siguió rigurosamente el ritual de los peregrinos para lucrar la indulgencia del Año Santo Compostelano. Antes de entrar en la catedral, el Papa saludó a miles de peregrinos que le esperaban desde altas horas de la mañana en la plaza del Obradoiro de Santiago de Compostela, junto a una de las más bellas fachadas de la catedral. A continuación, Benedicto XVI se puso la capa que tradicionalmente llevan los peregrinos, con la concha símbolo de la Fe y la cruz del apóstol Santiago.
Benedicto XVI entró en la catedral por la Puerta Santa que sólo se abre en los Años jubilares y rezó unos minutos ante la tumba del apóstol Santiago, quien según la tradición, llevó el Cristianismo a España. Después, el Papa abrazó la antigua estatua del apóstol.
Dentro de la catedral le acompañaron unas 1200 personas, entre eclesiásticos, representantes de las parroquias de la ciudad y enfermos.
Benedicto XVI
“En este Año Santo Compostelano, como Sucesor de Pedro, he querido yo también peregrinar a la Casa del Señor Santiago, (…) para confirmar vuestra fe y avivar vuestra esperanza, y para confiar a la intercesión del Apóstol vuestros anhelos, fatigas y trabajos por el Evangelio”.
Después, el Papa admiró el espectacular “botafumeiro”, uno de los símbolos que la catedral mantiene desde hace 450 años. El nombre de este enorme incensario significa “esparcidor de humo”. Sólo se usa en las ceremonias más solemnes de la catedral.
Pesa unos 50 kilos y mide metro y medio de altura. Aunque es de uso litúrgico, en la antigüedad servía también para miticar el mal olor producido por los peregrinos.
Tras la visita a la catedral, esperaba al Papa una colorida sorpresa: esta alfombra hecha exclusivamente con pétalos de flores. Un buen modo de coronar su visita a la tumba del apóstol Santiago.
JMB
CTV
GdP
-BN