
Juan Pablo II era el obispo de Roma y la alcaldía de la Ciudad Eterna reunió en esta muestra objetos, instantáneas y videos que testimonian la estrecha relación entre el Papa y su diócesis:
Walter Veltroni
Alcalde de Roma“Lo hacemos para honorarlo en el modo más afectuoso posible”.
La exposición inicia cuando el Papa tenía 26 años y vino a Roma para hacer su doctorado en Teología en el Angelicum, la universidad de los dominicos.
Muchos años después regresó a la Ciudad Eterna como cardenal para participar en el cónclave.Cuando fue elegido Papa, su secretario le regaló este “cappello”, prestado a la muestra por la oficina de ceremonias del Vaticano.
Este es el bastón pastoral que lo acompañó durante los últimos 9 años. A él se aferró durante su enfermedad.
El báculo permaneció junto a su lado incluso después de la muerte: durante los cuatro días de la exposición de sus despojos mortales en la basílica de San Pedro.
Con este ostensorio celebró el Corpus Domini en junio del año 2000.
Esta fue la mitra utilizada en la clausura del sínodo de 1983.
La alcaldía reunió 15 objetos usados por Karol Wojtyla en su frenética actividad pastoral La capital italiana está impregnada de las huellas de Juan Pablo II.
El Coliseo, el símbolo de la Roma civil, se volvió majestuoso con el paso lento del Papa portando la cruz durante los Vía Crucis. Instantes que la muestra inmortaliza en blanco y negro.
Gran espacio dedica la muestra la visita del Papa a la Sinagoga, donde encontró al rabino Toaff en abril del 86. En esa ocasión, la comunidad hebrea de Roma le regaló este pergamino.
Juan Pablo II fue obispo de Roma de una manera nueva: visitó personalmente 315 parroquias. No se olvidó de los humildes, de los marginados, como lo muestran estas fotografías con los detenidos de la cárcel de Regina Coeli, y con los recogedores de basura.
Mons. Luigi Moretti
Obispo auxiliar de Roma
“Es imposible contar el número de manos de romanos que estrechó, de personas que encontró... Es el reflejo de una profunda relación que se consolidó durante esos años”.
No podía faltar el Papa humano, inmortalizado jugando a las bochas con el presidente italiano Sandro Pertini, que le quiso como a un hermano.
El último capítulo está dedicado al adiós de Wojtyla. Este es el libro del Evangelio cuyas páginas ondearon durante los funerales, el único adorno de su ataúd de madera de ciprés.
La muestra estará abierta hasta el 8 de enero del 2006. Es el tributo de Roma al pastor venido de lejos que fue su obispo durante 26 años, cinco meses y 17 días.