26 de octubre, 2010. Es cierto que la música es eterna. Pero eso no impide que la Fundación Internacional Pro Musica y Arte Sacra reconozca cada año el trabajo de quienes la conservan y la promueven. Uno de los cuatro premiados este año es el hermano del Papa, monseñor Georg Ratzinger, ex director del coro de voces blancas de la catedral de Ratisbona.
Los otros galardones fueron para el antiguo director del coro de la Capilla Sixtina, el futuro cardenal Domenico Bartolucci, el director de la Filarmónica de Viena, Clemens Hellsberg , y el mecenas alemán Hans Urrigshardt.
Los galardonados recibieron un diploma y una vela realizada en Alemania, símbolo de la alabanza de Dios a través de la alegría de los seres humanos.
Un festival y unos premios dedicados al Papa amante de la música, Benedicto XVI.
Clemens Hellsberg
Presidente, Orquesta Filarmónica de Viena
“Conozco personalmente al Papa y su pasión por la música clásica. Sus discursos sobre la música son muy originales, porque habla a dos niveles. Por un lado, a un nivel musical, como experto y hombre de gran sensibilidad; y por otro, a nivel espiritual”.
La Filarmónica de Viena tuvo un breve concierto en el Pontificio Instituto de Música Sacra con piezas como el “Jubilate Deo” de Giovanni Gabrieli y el “Ave Maria” de Anton Bruckner.
El presidente de la fundación anunció que gracias a generosos donativos lanzarán este año nuevos proyectos, incluyendo obras de restauración en la Basílica de San Pedro.
Hans Albert Courtial
Presidente, Fondazione Pro Musica e Arte Sacra
“No me refiero sólo a la limpieza de la fachada. También estamos colaborando en unas obras en los cimientos. Y estamos trabajando en un proyecto en la necrópolis vaticana, la reestructuración de un mausoleo”.
Aunque la entrega de galardones es el momento menos musical del Festival Internacional de Música Sacra, esta ceremonia permite dar las gracias a quienes hacen lo posible para que este género siga vivo.
SC/JMB
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