28 de febrero, 2013. (Romereports.com) “Después del gran predecesor Juan Pablo II los señores cardenales me han elegido a mi como sucesor de Pedro, un humilde trabajador de la viña del Señor”, dijo Benedicto XVI en su primer discurso.
Después de cuatro votaciones y ante una plaza de San Pedro abarrotada,
el cardenal Ratzinger se presentaba al mundo como Benedicto XVI, el sucesor número 265 de San Pedro.
Desde el comienzo del cónclave, 15 después de la muerte de Juan Pablo II, se sucedieron las conjeturas sobre quien tomaría las riendas de la Iglesia católica. Entre l
os nombres que se barajaban se encontraban Joseph Ratzinger o el jesuita argentino Jorge Bergoglio.Los cardenales eligieron a Joseph Ratzinger, uno de los hombres de mayor confianza de Juan Pablo II y quizá el más adecuado para continuar el legado de su predecesor.
Quizá los cardenales pensaron que
tras el huracán Wojtyla, con un intenso y largo pontificado, la Iglesia necesitaba un Papa que ayudase a asimilar la herencia del gigante Juan Pablo II.
Benedicto XVI“Tengo ante mi, en particular, el testimonio del Papa Juan Pablo II. Deja una Iglesia más valiente, más libre, más joven. Una Iglesia que , según su enseñanza y su ejemplo, mira con serenidad el pasado y no tiene miedo del futuro”.Benedicto XVI se mostró turbado por la elección y se presentó como un instrumento insuficiente para ser sucesor de Pedro.
En sus primeros discursos recordó continuamente a Juan Pablo II, le agradeció su tarea y resaltó la importancia que daba al diálogo con las religiones del mundo.
Benedicto XVI“Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, ni seguir mis propias ideas, sino ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea Él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia”Fueron palabras y gestos que confirmaron a los cardenales que habían escogido a la persona adecuada para dirigir la Iglesia en estos tiempos de crisis.
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