12 de febrero, 2010.
No se repetía una escena como esta desde hace 24 años. Nevó tanto en Roma, que la plaza de San Pedro se coloreó de blanco.
Hoy los turistas preferían no hacer cola para entrar en la basílica y
hacerse fotos junto a la nieve.
No nevó tanto como para organizar una batalla, pero poco ha faltado.
Incluso el Papa, que trabajaba en su estudio, se asomó a la ventana para
disfrutar del bellísimo espectáculo.