El ministro de Exteriores del Vaticano firmó y ratificó la convención sobre bombas de racimo. Se trata del tratado internacional que prohibirá el uso, producción, venta y almacenamiento de este tipo de municiones. El tratado también obliga a que los países destruyan sus reservas existentes en los próximos ocho años, y que antes de diez años limpien los campos sembrados con este tipo de armas.
Arzobispo Dominique Mamberti Secretario para las Relaciones con los Estados Primero, la Santa Sede y sus instituciones quieren manifestar su cercanía a las víctimas. Luego, invitamos a que los países productores, exportadores y usuarios de municiones de racimo suscriban el tratado para asegurar que se escuche la voz de todas las víctimas y los países afectados por estas armas.
Las municiones de racimo son armas que dispersan cientos de sub-municiones más pequeñas, ya sea por aire o tierra, durante conflictos militares. Las explosiones no distinguen entre militares y civiles. Además, las que fallan al detonar se convierten en minas antipersona, que pueden matar o herir mucho después del fin de combate. Países como Afganistán, Líbano, Vietnam, y Camboya todavía tienen problemas con municiones de racimo años después de conflictos en su tierra.
Otros 93 países firmaron la convención en Oslo, Noruega a principios de diciembre, pero la Santa Sede fue el primero en ratificarlo.
Card. Renato Martino Presidente, Pontificio Consejo Justicia y Paz La Santa Sede forma parte del grupo principal de países que han discutido y llevado a cabo este tratado, porque vemos cada arma como un posible instrumento de destrucción, y especialmente las municiones de racimo, que son la personificación del daño.
Varios países aún no han firmado el tratado. Los más notables son grandes productores de armas como Estados Unidos, Rusia y China. Los que no han firmado el tratado lo podrán hacer en el futuro en las Naciones Unidas.