
25 noviembre, 2012. (Romereports.com) A pocos metros del Coliseo de Roma está el convento franciscano de San Bonaventura al Palatino. Aquí en 1696 descubrió su vocación a los 20 años Leonardo da Porto Mauricio, un fraile que impidió la demolición del Coliseo por darle un sentido religioso.
Fue nombrado superior de este convento pero pidió directamente al Papa Benedicto XIV dejar de serlo porque quería dedicarse a la predicación. Viajó por toda Italia explicando por las calles el Evangelio con ejemplos de la vida cotidiana. Consiguió también popularizar la tradición del Via Crucis.
ALESSANDRO CIAMEI
Franciscano
“En aquella época era una práctica de oración conocida pero él por primera vez pidió el permiso al Papa para poder rezarla en lengua vernácula. San Leonardo no inventó el Via Crucis, pero fue el primero que le dio nombre a las estaciones que hoy conocemos. No en latín sino en lengua vernácula”.
Esta habitación, que en realidad era la enfermería, fue reconstruida pieza por pieza ya que el antiguo convento se destruyó. En ella se exponen algunos recuerdos como el hábito, calzado, disciplina y un crucifijo muy especial.
ALESSANDRO CIAMEI
Franciscano
“En esta habitación se encuentra el crucifijo que llevaba en las misiones populares. Una actividad de evangelización que hacía en las iglesias italianas para hablar en la calle de Jesús. Siempre terminaban la misión con el Via Crucis”.
Su empeño por esta devoción hizo que se construyeran más de 500 Via Crucis por todo el país, el más famoso dentro del Coliseo. El 27 de noviembre de 1750 lo inauguraron. Era la primera vez que se celebraba un acto religosos en este anfiteatro.
ALESSANDRO CIAMEI
Franciscano
“Quería construir un Via Crucis dentro del Coliseo en memoria de los mártires que perdieron la vida en Roma y en el Coliseo. Montó las estaciones pero fueron destruidas un siglo después”.
El 27 de noviembre de 1750 predicó en el Coliseo el Via Crucis. Fue la primera vez que se celebraba un acto religioso en este monumento consagrado a los mártires. Así comenzó la tradición de que cada Viernes santo el Papa rece el Via Crucis en el Coliseo.
Un año más tarde, el 26 de noviembre de 1751 Leonardo da Porto Mauricio murió aquí, en la enfermería del convento. A día de hoy, la habitación se usa como pequeña capilla. Una forma de recordar a este santo patrón de las misiones en los países evangelizados.
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