20 de junio, 2010. Sudán es el país más grande de África. Desde 2003 es noticia por la crisis humanitaria que vive la región de Darfur. La guerra ha marcado la corta historia de Sudán y las divisiones étnicas y políticas son todavía el mayor obstáculo para el desarrollo de este país.
Mons. Rudolf Deng Majak
Presidente de la Conferencia Episcopal Sudán
“Hay una generación que no ha conocido la paz. Cuando les hablas de paz no pueden entederlo. ¿Qué es paz? Saben robar, mentir, abusar y alimentar sus propios estómagos pero no les interesa el bien de los demás”.
El obispo explica que el mayor reto que la Iglesia enfrenta en el país es reparar las heridas de la guerra y reconciliar a las comunidades.
Mons. Rudolf Deng Majak
Presidente de la Conferencia Episcopal Sudán
“Tratar de curar a la gente del odio, del resentimiento en sus corazones. Eso tiene que ser removido. Es más dañino que la falta de comida porque si no perdonamos nos volvemos menos humanos”.
La religión católica en Sudán es minoritaria. Apenas un 8% de la población la practica. Según el obispo, la principal dificultad es la falta de sacerdotes. Los misioneros envejecen y hacen falta nuevas vocaciones.
Mons. Rudolf Deng Majak
Presidente de la Conferencia Episcopal Sudán
“Nuestro cristianismo ha crecido pero está bajo muchas amenazas: la pobreza, las sectas, el Islam, la falta de desarrollo”.
El pasado abril se celebraron en Sudán las primeras elecciones multipartidarias en 24 años. También está previsto un referéndum sobre la situación de Darfur para enero del 2011. El obispo llama a los líderes políticos a tomar conciencia.
Mons. Rudolf Deng Majak
Presidente de la Conferencia Episcopal Sudán
“Deben ayudar al pueblo, no llevarlo a un conflicto cada vez que llegan al poder. La gente debe disfrutar de lo bueno que Dios le ha dado: agua potable, seguridad, educación, salud, carreteras, transporte. Son servicios que elevan la dignidad humana”.
La Misión de la ONU y la Unión Africana en Darfur denuncia que sigue aumentando la violencia en Sudán. Las últimas cifras hablan de unos 400.000 muertos y 2 millones de desplazados desde que inició el conflicto en 2003.
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