12 de noviembre, 2012
(Romereports.com) Jerzy Kluger conoció a Karol Wojtyla a los cinco años. Compartían pupitre en la escuela, jugaban juntos a fútbol y eran compañeros de travesuras en Wadowice. A Juan Pablo II entonces le llamaban Lolek. Pero llegó la guerra y el pequeño Jurek tuvo que escapar de los nazis. Su amistad quedó truncada.
Gianfranco De Simone cuenta su historia en el libro “El Papa y yo”.
Tras la guerra los dos pensaron que el otro había muerto. Pero sus
caminos volvieron a cruzarse. La primera audiencia privada que concedió
tras ser elegido Papa fue precisamente a su amigo judío.
GIANFRANCO DE SIMONE
Autor “El Papa y yo”
“Muchos
de los gestos que definían a Juan Pablo II de pequeño, los encontramos
en los años de su papado. La defensa de los judíos, considerarlos
“hermanos mayores”, “Starsi Bracia”, en polaco, una frase que el Papa ya
había utilizado de pequeño”.
Uno de los
pasajes más simbólicos del libro revive el momento en el que Jurek
esperaba a que Karol Wojtyla terminara de rezar dentro de la iglesia de
Wadowice. Una señora del pueblo le regañó por estar dentro de la iglesia
y ser judío.
GIANFRANCO DE SIMONE
Autor “El Papa y yo”
“En
ese momento, Lolek elevando la voz y girándose hacia aquella señora
dijo: ¿no sabe esta señora que somos todos hijos del mismo Dios? Luego
se volvió de nuevo hacia el amigo y le dijo, los judíos y los católicos
rezamos al mismo Dios”.
Juan Pablo II
trabajó durante todo su pontificado para mejorar las relaciones entre
judíos y cristianos. En abril de 1986 se convirtió en el primer
Pontífice que visitó una Sinagoga. Su labor permitió que en 1994 el
Vaticano restableciera las relaciones diplomáticas con Israel.
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