2 de junio, 2010. Durante la audiencia, Benedicto XVi explicó la "armonía entre fe y razón en Tomás de Aquino". Al retomar hoy las catequesis dedicadas a los grandes santos del medievo, me gustaría presentar la vida de Santo Tomás de Aquino, llamado también el
Doctor Angelicus por la sublimidad de su pensamiento y pureza de vida.
Nació en torno al mil doscientos veinticinco en el seno de una familia noble, en Roccasecca, cerca de la Abadía de Montecasino. Siendo muy joven fue enviado a la Universidad de Nápoles, asomándose allí por vez primera al pensamiento de Aristóteles y experimentando a su vez la llamada a la vida religiosa. Al tomar el hábito dominico, comienza sus estudios en París, donde conoce a San Alberto Magno. Trasladados ambos a Colonia fundan un centro teológico. En estos años, Tomás profundiza en la obra aristotélica, dedicándose a comentarla en gran parte y demostrando la armonía que existe entre fe y razón. En los años sucesivos enseñará en París, estará al servicio de diversos Papas, y residirá en Orvieto, Nápoles y Roma.
Entre su ingente producción literaria, destacan los hermosísimos himnos litúrgicos para la fiesta del Corpus Christi, y su obra cumbre, la Summa Theologiae. Fue un santo muy apostólico, dedicándose continuamente a predicar a los fieles; y fue un teólogo de profunda humildad, llegando a catalogar su obra como "un montón de paja" comparada con la verdad y la sublimidad de Dios. Santo Tomás muere en la Abadía de Fossanova, cuando se dirigía a Lión para participar en un concilio ecuménico.
Saludo a los grupos de lengua española, en particular a las Hijas de la Inmaculada Concepción de Buenos Aires y a los peregrinos venidos para la Beatificación de María Pierina de Micheli, así como a los demás fieles provenientes de España, México y otros países latinoamericanos. A todos os invito a participar con profunda piedad y veneración en la próxima Solemnidad del Corpus Christi, para experimentar así constantemente en nosotros los frutos de la Redención. Muchas gracias.