17 de septiembre, 2010. Este fue el encuentro político más delicado del viaje de Benedicto XVI al Reino Unido. El Papa se reunió en Westminster Hall con 1.800 personas entre políticos, empresarios e intelectuales británicos.
En este lugar fue condenado a muerte en el año 1535 Santo Tomás Moro por no aceptar el Acto de Supremacía del Rey sobre la Iglesia de Inglaterra.
El Papa partió de este episodio para reflexionar sobre el lugar apropiado de las creencias en el proceso político.
Benedicto XVI
Si los principios éticos que sostienen el proceso democrático no se rigen por nada más sólido que el mero consenso social, entonces este proceso se presenta evidentemente frágil. Aquí reside el verdadero desafío para la democracia.
El Papa recordó cómo la falta de ética ha provocado la crisis económica, y cómo la presencia de principios éticos firmes basados en la ley natural provocó la abolición del tráfico de esclavos.
Según el Papa, el papel de la religión en el debate público no es proporcionar soluciones políticas concretas sino ayudar a la razón a descubrir los principios morales objetivos.
Benedicto XVI
En otras palabras, la religión no es un problema que los legisladores deban solucionar, sino una contribución vital al debate nacional. Desde este punto de vista, no puedo menos que manifestar mi preocupación por la creciente marginación de la religión, especialmente del cristianismo, en algunas partes, incluso en naciones que otorgan un gran énfasis a la tolerancia.
Por eso, el Papa invitó a la clase política e intelectual británica a buscar modos de diálogo entre la fe y la razón.
Por otro lado, Benedicto XVI reclamó en una de las naciones más poderosas del mundo, medidas reales para ayudar a los más pobres del mundo. Lo hizo con cierta ironía británica.
Benedicto XVI
El mundo ha sido también testigo de los ingentes recursos que los gobiernos pueden emplear en el rescate de instituciones financieras consideradas "demasiado grandes para que fracasen". Desde luego, el desarrollo humano integral de los pueblos del mundo no es menos importante. He aquí una empresa digna de la atención mundial, que es en verdad "demasiado grande para que fracase”.
Entre los asistentes estaban antiguos premier como Margaret Thatcher, John Major, Tony Blair y Gordon Brown. El Papa saludó personalmente a cada uno de ellos y abandonó la sala entre grandes aplausos.
JMB
CTV
JM
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