12 de octubre, 2012 (Romereports.com) Una
marea de pequeñas llamas inundó
la oscuridad de la Via della Conciliazione hasta llegar a San Pedro.
Eran las
más de 40.000 personas que participaron en la procesión
organizada por el movimiento “Acción Católica” por la apertura
del Año de la Fe y en recuerdo del 50 aniversario del Concilio
Vaticano II.
El Papa se asomó a la ventana de su residencia e improvisó un emocionado discurso sobre el legado del Concilio Vaticano II.
BENEDICTO XVI“En estos 50 años hemos aprendido y experimentado que el pecado original existe y que se traduce en pecados personales, que pueden convertirse en estructuras de pecado. Hemos visto que en el campo del Señor también hay siempre cizaña. Hemos visto que en la red de Pedro hay también peces malos. Hemos visto que la fragilidad humana también está presente en la Iglesia”.El Papa, que trabajó en el Concilio como consejero teológico del cardenal de Colonia, recordó que junto a los problemas, ha habido motivos de sobra para estar satisfechos.
BENEDICTO XVI“Hemos vivido también una nueva experiencia de la presencia del Señor, de su bondad, de su fuerza. El fuego del Espíritu Santo, el fuego de Cristo, no es un fuego devorador, destructivo. Es un fuego silencioso. Es una pequeña llama de bondad, de bondad y verdad, que transforma”. Efectivamente,
hace 50 años, el día en que se abrió el Concilio Vaticano II, también tuvo lugar una procesión con velas, igual a esta en la plaza de San Pedro. Benedicto XVI la concluyó del mismo modo: pidiendo a los peregrinos que al regresar a casa, dieran un beso a sus hijos e hijas de parte del Papa.
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