
27 de Enero, 2012. (Romereports.com) Las guías turísticas de Roma recogen esculturas, museos y edificios que evocan la historia antigua de la ciudad. Miles de turistas van de un monumento a otro cada día, pero pocos saben que el suelo de la Ciudad Eterna también cuenta historias.
A pocos metros de plaza Venecia está el tranquilo barrio judío. Su suelo, como el de la plaza de San Pedro, está construido con adoquines. Algunos no son de piedra sino dorados y llevan grabado un nombre. Honran la memoria de personas que fueron asesinadas por los nazis.
Estos tres recuerdan a Emma Vivanti y a las hermanas Rosa y Anita Sermoneta. Están frente al portal de la casa en la que vivían. El 16 de octubre de 1943 fueron arrestadas por ser judías y nunca más se supo de ellas.
“Son recuerdos un poco tristes porque las tres personas que vivían en esta casa fueron deportadas por los nazis el 16 de octubre de 1943. En este barrio hay muchos adoquines como estos y son malos recuerdos que por desgracia algunos ya han olvidado”.
“Estoy de acuerdo con este tipo de recuerdos porque es justo que se haga cualquier cosa para recordar lo que sucedió para no repetirlo más”.
Que no se repita el Holocausto nazi que mató a seis millones de judíos es el objetivo de estos “sanpietrini” dorados.
Cerca está el de Costanza Spizzichino, una viuda con tres hijos, arrestada y enviada al campo de concentración de Auschwitz, donde los nazis la asesinaron una semana después.
“Es importante recordar a quienes fueron deportados a Auschwitz y a tantas personas que sufrieron el odio humano. Estoy a favor de este tipo de recuerdos”.
A pocos metros de la sinagoga de Roma, este otro “sanpietrino” recuerda a Michele Sabatello, de 40 años, quien fue arrestado aquí mismo el 3 de mayo de 1944 y nunca más volvió a casa.
A estos se suman más de 75 en Roma y otros 27.000 en toda Europa. Estas baldosas se empezaron a colocar en las calles de la ciudad alemana de Colonia en 1993 y en 2010 se puso la primera en Italia. Se trata de una idea del artista alemán Gunter Demnig, que instaló los últimos 16 en Roma el pasado 11 de enero.
“Creo que marcar la ciudad con este tipo de recuerdos hace bien a la memoria para no volver a repetir este tipo de actos que son terribles para la humanidad entera sin importar la religión o el país del que viene la persona”.
Todo un homenaje a la memoria y la dignidad de estas personas asesinadas de forma salvaje. En los campos de concentración fueron números pero ahora vuelven a tener nombre y apellido y ocupan un lugar especial en una de las capitales más importantes de Europa.
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