28 de agosto, 2012. (Romereports.com) Un diálogo que recorre las mejores obras de William Shakespeare dan voz a sus personajes. Desde las hadas y los elfos del “Sueño de una noche de verano”, hasta la pasión abrumadora y el engaño de Marco Antonio y Cleopatra, a la cobardía del viejo Falstaff, un pecador, que ya viejo y a punto de morir, invoca a Dios.
En sus personajes preocupados, confundidos pero siempre profundamente humanos, queda un matiz inconfundible. Lo explica en el Meeting Alison Milbank, profesora de Literatura en la Nottingham University y Edoardo Rialti, profesor de la Universidad de Asís, que releen la obra del poeta inglés a partir de la frase de Hamlet.
Para el príncipe de Dinamarca el hombre es una obra maestra a ojos de los hombres mientras que a los ojos de Dios no es más que polvo. Y así sería, según afirma Rialti, si no fuera por el pequeño detalle de la naturaleza del hombre y su relación con el infinito.
Es sólo cuando aceptamos que somos criaturas pero que podemos tener verdaderamente una relación con el infinito. Shakespeare lo explica de una forma tan maravillosa en sus obras; en la comedia y en la tragedia en la que a menudo las personas cometen errores, pero siempre existe la posibilidad de ser perdonados y felices. Es la manera de Shakespeare de recordarnos que el ser humano es una verdadera obra de arte.