14 de diciembre, 2009. Juan Pablo II quiso que cada Navidad la Plaza de San Pedro se convirtiese en un pequeño belén. Cada año se hace uno diferente. Ya han pasado 27 años desde el primer pesebre, pero siempre se prepara con gran misterio, ya que sigue siendo un secreto hasta el día de su inauguración.
Pier Carlo Cuscianna
Director, Servicios Técnicos Governatorato Vaticano
“Nos gusta pensar que es una sorpresa y de hecho se revela la tarde noche del día 24, día de Navidad”.
El pesebre se comienza a preparar en verano. En agosto se decide cómo será y se aprueba el boceto. Después se construye una maqueta que servirá de guía. A principios de noviembre comienzan los trabajos en la plaza.
Las figuras son de tamaño natural y aunque las principales son las mismas, cada año hay nuevos ángeles o pastores. Las figuras de la Sagrada Familia son las que prestó San Vincenzo Pallotti en 1842 para el pesebre de la iglesia de Sant’Andrea della Valle, de Roma.
Pier Carlo Cuscianna
Director, Servicios Técnicos Governatorato Vaticano
“Son antiguas figuras. Cada año se les cambia el vestido, porque como se cambia toda la escena, también se cambian los vestidos. Los diseñan las religiosas del Vaticano que se encargan de realizar los tapices”.
El decorado es de poliestireno, un material muy delicado, que comparte espacio con grúas, electricistas o jardineros. Todos los trabajadores deben realizar su tarea con el máximo cuidado para evitar que se estropee.
Además cada año se complica porque cada vez es más grande y se añaden nuevas figuras. Las últimas han sido trabajadores, campesinos y algunos animales.
Los pesebres de los años anteriores sorprendieron al mundo. Este año habrá que esperar, como siempre, a la noche del 24 para disfrutar de esta tradicional estampa.
PVB
DC/FF/JM
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