No es habitual que un Parlamento rinda homenaje a una figura cristiana. Por eso, fue todo un éxito el acto en memoria de Chiara Lubich, fundadora del movimiento de los focolares, celebrado en el Parlamento italiano.
El movimiento de los focolares es una de las iniciativas católicas más activas del siglo XX. Su carisma es la promoción de la unidad y la fraternidad en todo el mundo.
Lubich murió el año pasado después de una vida dedicada a promover la renovación espiritual y social contra los problemas sociales y políticos.
Su sucesora, Maria Voce, dice que el legado de Chiara Lubich es ahora más importante que nunca.
Maria Voce Presidenta del Movimiento de los Focolares La globalización, en vez de promover la unidad, está trayendo más división, porque ha concentrado bienes y riquezas en unos pocos y las ha quitado a otros. En esta situación de fragmentación, de relativismo, el mensaje de la unidad es el único que puede llegar a todos los hombres, de cualquier lugar del mundo.
El movimiento de los Focolares nació durante la II Guerra Mundial, en tiempos de desolación y tensiones globales. En este ambiente deprimido, Chiara Lubich decidió dedicar su vida a Dios, para llevar una palabra de paz a un mundo en guerra. Hoy, el movimiento tiene 140,000 miembros y otros 2 millones de simpatizantes en 182 países.
El homenaje de la clase política a Chiara Lubich es la prueba de la importancia de su legado. Pero será la historia la que dirá cómo su mensaje sigue retando a los problemas de un mundo en continuo cambio.