
El 13 de marzo inició una nueva etapa en la vida de Juan Pablo II: el “Pontificado del Silencio”.
Después de 20 días en el policlínico Gemelli donde fue operado de traqueotomía, el Papa se ha quedado sin voz.
El vacío de sus palabras fue enorme el Domingo de Pascua cuando dolorido y visiblemente emocionado no pudo pronunciar la bendición Urbi et Orbi. A pesar de sus esfuerzos, tuvo que limitarse a bendecir con la mano.
El silencio del Papa fue un mensaje elocuente a las 70.000 personas que llenaban la plaza de San Pedro. Vinieron a acompañarle y a aplaudir su valentía.
El Papa está convencido de que este mundo necesita recuperar el respeto a la vida humana, también durante la enfermedad y la vejez, por eso Karol Wojtyla no oculta sus problemas físicos.
Cardenal Sergio Sebastiani
Presidente, Comisión de Asuntos Económicos del Vaticano
En el Vaticano seguimos trabajando con normalidad. Pero ciertamente sentimos pena. Lo mismo que sentimos durante la Misa del Domingo de Ramos: se notaba un vacío. Estamos recordando la pasión de Cristo, pero también la pasión del representante de Cristo. Es un momento muy importante para la Iglesia.
Hace un año en el Vaticano, inventaron la silla de ruedas para que el Papa pudiera celebrar las solemnes ceremonias sentado. En esta Semana Santa, el progreso de la enfermedad le ha impedido participar en los ritos más simbólicos de la liturgia católica.
Fue sustituido por cardenales de alto rango como el colombiano López Trujillo, el italiano Re, el norteamericano Stafford y el alemán Ratzinger, quien aseguró que a pesar de sus dificultades físicas, el Papa sigue los asuntos de la Iglesia con absoluta lucidez.
En todas las homilías se pidió por la salud del Santo Padre.
Rainiero Cantalamesa
Predicador de la Casa Pontificia
Vuelva pronto Santo Padre que la Pascua sin usted es menos Pascua
Especialmente sentida fue la ausencia del Papa el Viernes Santo. Esta fue la última vez que en 1999, el Papa cargó con la cruz durante el Vía Crucis, y recorrió las 14 estaciones de la Pasión de Cristo.
Esta vez fue el cardenal italiano Camillo Ruini quien llevó la cruz en nombre del Papa y le prestó su voz.
Cardenal Camillo Ruini
Presidente, Conferencia Episcopal Italiana
“Ofrezco mi sufrimiento para que se cumpla la voluntad de Dios”.
Juan Pablo II siguió la ceremonia por la televisión. En la última estación apareció a través de una pantalla gigante y aferrado a la Cruz ofreció al mundo su dolor.
MV