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Papa en Santa Marta: ¿Pienso con el espíritu del partido político o con el del Señor?


 En su homilía en Casa Santa Marta el Papa Francisco invitó a los cristianos a preguntarse quién guía sus pensamientos.

FRANCISCO “Podemos formularnos la pregunta: “¿Con qué espíritu pienso?, ¿con el espíritu del Señor o con el mío propio?, ¿con el espíritu de la comunidad a la que pertenezco o del grupito o de la clase social de la que formo parte, o del partido político al que pertenezco? ¿Con qué espíritu pienso?””.

Por eso, Francisco animó a cada cristiano a llevar a cabo una conversión del pensamiento y de los sentimientos, para que cada vez más sean como los del propio Cristo. 

EXTRACTOS DE LA HOMILÍA DEL PAPA (Fuente: Vatican News)

“La Iglesia nos dice que debemos convertir nuestras obras, y nos habla del ayuno, de la limosna, de la penitencia: es una conversión de las obras. Hacer obras nuevas, obras con estilo cristiano, ese estilo que proviene de las Bienaventuranzas, en Mateo 25: hacer esto. Además, la Iglesia nos habla de la conversión de los sentimientos, puesto que también debemos convertir los sentimientos. Pensemos, por ejemplo, en la Parábola del Buen Samaritano: convertirse a la compasión. Sentimientos cristianos. Conversión de las obras; conversión de los sentimientos; y hoy nos habla de la ‘conversión del pensamiento’: no de lo que pensamos, sino de cómo pensamos, del estilo de pensamiento. ¿Yo pienso con un estilo cristiano o con un estilo pagano? Éste es el mensaje que la Iglesia nos da hoy”.

“Pero jamás falta un charlatán, que comienza a decir: ‘Pero éste, éste es el hijo del carpintero. ‘¿Qué nos enseña? ¿En qué universidad estudió éste?’. ‘¡Sí! Es el hijo de José’. Y comenzaron a intercambiarse opiniones; y cambia la actitud de la gente, y quieren matarlo. De la admiración, del estupor, al deseo de matarlo. También éstos querían el espectáculo. ‘Pero, que haga milagros, eso que dicen que ha hecho en Galilea, y nosotros creeremos’. Y Jesús explica: ‘En verdad yo les digo: Ningún profeta es bien aceptado en su patria’. Porque nos resistimos a decir que alguno de nosotros puede corregirnos. Debe venir uno con el espectáculo, para corregirnos. Y la religión no es un espectáculo. La fe no es un espectáculo: es la Palabra de Dios y el Espíritu Santo que obra en los corazones”.

“La conversión del pensamiento. No es habitual que nosotros pensemos de este modo. No es habitual. También el modo de pensar, el modo de creer, debe ser convertido. Podemos formular la pregunta: ‘¿Con qué espíritu pienso yo? ¿Con el espíritu del Señor o con espíritu proprio, el espíritu de la comunidad a la que pertenezco o del grupito o de la clase social de la que formo parte, o del partido político al que pertenezco? ¿Con qué espíritu pienso yo?’ Y ver si yo pienso verdaderamente con el espíritu de Dios. Y pedir la gracia de discernir cuándo pienso con el espíritu del mundo y cuándo pienso con el espíritu de Dios. Y pedir la gracia de la conversión del pensamiento”.