CLAVES VENEZUELA (I): ¿Chávez vs. Iglesia? ¿Diplomacia con el Vaticano?
Más de 150 años de luces y sombras definen el delicado vínculo de las relaciones diplomáticas entre Venezuela y la Santa Sede.
Fue en 1869 cuando se establecieron los lazos, pero hasta que no pasaron 12 años no se oficializaron. En 1918, el Vaticano abrió oficialmente su nunciatura en Caracas.
Pero recuerden este dato. Hasta 1964, existió el Patronato Eclesiástico, una ley heredada de la época española por la cual el Estado podía controlar la Iglesia. Por ejemplo, proponer o vetar obispos.
Para abolirlo, se firmó ese año un convenio con la Santa Sede, que garantizó la libertad plena de la Iglesia y permitió que fuese el papa el que eligiese exclusivamente a los prelados.
Las relaciones diplomáticas eran estables. Y de hecho, Juan Pablo II pudo viajar en dos ocasiones a Venezuela. En 1985 y 1996. Dos visitas papales que fueron un apoyo pastoral para el pueblo, pero también para el clero.
Tres años después, cuando llega Chávez al poder en 1999, se encuentra con una Iglesia con plena autonomía institucional y a la que no podía dominar. Aquí comenzaron las tensiones, que llegaron a escalar hasta este punto.
HUGO CHÁVEZ
Bueno, que el diablo los reciba en su seno, monseñores... Les hago la cruz así, a nombre de nosotros, los verdaderos cristianos. Ustedes no lo son, qué va.
Todo se recrudeció con las decisiones de los nombramientos cardenalicios. Hugo Chávez quería que se eligieran a sus candidatos.
HUGO CHÁVEZ
Yo tenía mi candidato, y no es un nombre ni subordinado a mí, ni chavista... Es un monseñor que debería ser supercardenal venezolano. Se llama Mario Moronta.
Un obispo que mantuvo amistad con Chávez, pero fue un firme opositor al régimen de Nicolás Maduro. También, una persona apreciada en Venezuela.
Cuando murió en 2025, el cardenal Porras lo definió como un “pastor entregado y testigo fiel del Evangelio”. María Corina Machado, líder opositora, lo describió como un “hombre de fe inquebrantable, inteligente y bondadoso”.
Moronta nunca llegó a recibir el birrete. En 2006, Benedicto XVI creó cardenal en su primer consistorio a Jorge Urosa Savino.
Fue en marzo, tan solo dos meses antes de que Chávez viajara al Vaticano durante su gira por Europa para reunirse con el papa alemán. El contexto en ese momento era el siguiente: Chávez estaba en su fase de radicalización, la Iglesia venezolana había sido muy crítica con su gobierno.
A esto se suma la elevación al cardenalato de Urosa. Una decisión que no gustó a Chávez y aumentó las tensiones con la jerarquía eclesiástica hasta este punto.
HUGO CHÁVEZ
Ahora sale este cardenal porque lo mandan aquí los escuálidos y los pitiyankies a tratar de meterle miedo al pueblo hablando del comunismo, que llegó el comunismo. Oye, es un troglodita.
Y no solo contra el clero en Venezuela. También contra el Vaticano.
HUGO CHÁVEZ
Con todo respeto al Estado del Vaticano y al jefe de Estado del Vaticano, que es el papa, que no es ningún embajador de Cristo en la tierra, como ellos dicen... Por el amor de Dios... ¿Qué cosa es esa embajador de Cristo? Cristo no necesita embajador. Cristo está en el pueblo.
Además de Chávez, vean estos rostros. Maduro y Cilia Flores en aquella época. Todo esto fue en el punto álgido contra la Iglesia, alrededor del 2010.
CILIA FLORES
Nosotros vamos a seguir denunciando y desenmascarando a estos falsos profetas y no será con la sotana con la que podrán confundir a este pueblo no lo va a confundir más nunca nadie.
La Conferencia Episcopal de Venezuela, con bastante cautela, había hablado de las reformas constitucionales de Chávez. Los obispos señalaban que su plan podía poner en peligro la libertad y la convivencia del pueblo.
De hecho, Chávez llegó a pedir cambiar aquel convenio Venezuela-Santa Sede de 1964. Lo justificó con que la Iglesia tenía más privilegios y acusaban al cardenal Urosa de intervenir en política.
HUGO CHÁVEZ
Yo anuncié, y lo vamos a hacer, una revisión del convenio que Rómulo Betancourt firmó medio en secreto, ni se discutió bien ni el país se enteró, entre el gobierno de Venezuela y el Estado del Vaticano que le da unas prerrogativas a las cúpulas de la Iglesia católica.
Nosotros no vamos a aceptar aquí que este cardenal y estos obispos, utilizando su investidura religiosa, atropellen la dignidad del pueblo venezolano.
Pero dicho convenio sigue vigente. A pesar de los anuncios de reforma, nunca se llegó a cambiar ni derogar el acuerdo. Tampoco tras la muerte de Chávez y la llegada de Maduro.
CA