Custodiar las reliquias de un santo no parece tarea complicada en 2026, pero ¿qué sentido tiene que se siga haciendo hoy en día?
Se trata de los restos de San Ildefonso, uno de los padres de la Iglesia, quien murió un 23 de enero del 667 en la ciudad española de Toledo, de la que era su patrón y que años más tarde pasaría a ser de dominio musulmán.
Para proteger las reliquias, un grupo las trasladó a Zamora, otra ciudad española. Tras varias batallas, los restos de San Ildefonso quedaron ocultos, hasta que un pastor de ovejas, inspirado por la Virgen María, los encontró.
Y aquí entra una de las órdenes más antiguas de Europa, que empezó como una sociedad secreta.
Su labor principal era proteger las reliquias de San Ildefonso, pero no solo ese. También, las de Atilano.
Fundada en el siglo XIII, hoy es conocida como
la Real Cofradía de Caballeros y Damas Cubicularios de San Ildefonso y San Atilano, además de ser una de las órdenes más antiguas de Europa.
Durante años, hubo disputas sobre en cuál de las dos ciudades españolas deberían reposar las reliquias. E incluso acudieron a la Santa Sede:los papas Clemente VIII y Pablo V emitieron una bula exigiendo a los zamoranos
que las devolviesen, pero ellos alegaron que esa bula nunca les llegó.
Hoy en día, todo ha quedado en una historia simbólica. Y esta orden, la de los cubicularios, mantiene vivo su culto como un servicio religioso y espiritual al conjunto de la Iglesia.
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