Los nuevos duques de Luxemburgo, Guillermo y Stéphanie, acompañados por sus hijos, han viajado el Vaticano por primera vez desde que arrancó su era. Y es que ostentan el cargo desde hace poco: solo desde el 3 de octubre, tras abdicación del Gran duque Enrique.
Y a la reina se le ha visto así: vestida de blanco cuando el protocolo habitual marca que, ante el papa, hay que ir de negro. Este 'privilegio' no es simplemente una cuestión de vestuario, sino una tradición protocolaria y simbólica del Vaticano.
Se trata de una de declaración llena de historia: una concesión pontificia para las monarcas de las casas reales católicas que les permite llevar este color de forma excepcional.
Solo las reinas o consortes pertenecientes a estos cuatro estados pueden vestir ante el papa de blanco: España, Bélgica, Mónaco y, también, Luxemburgo.
La Reina Letizia, Matilde de Bélgica o Charléne de Mónaco representan a casas reales cuya religión principal es el catolicismo.
Desde su elección, León XIV ha recibido a numerosos miembros de las Casas Reales: las pudimos ver a todas en su misa de inicio de pontificado y sin ir más lejos, también recibió en audiencia privada hace unos días a al Príncipe Alberto II de Mónaco, ésta vez, sin la compañía de una de las personas que puede vestirse de blanco ante él, la princesa Chárlene.
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