Por qué hay asteroides que llevan nombres de santos y qué tiene que ver el Vaticano

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12/02/2026
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Si todavía queda quien piensa que la ciencia y la religión están enfrentadas, es porque no conocen la Specola. Es el observatorio vaticano, uno de los más antiguos del mundo todavía en activo. Sus orígenes datarían del siglo XVI, aunque oficialmente se instituyó más tarde…

SABINO MAFFEO
Astrónomo
Fue inaugurado en 1891 por el papa León XIII. Se lo sugirió el padre Francesco Denza, un astrónomo. El objetivo era demostrar al mundo que la Iglesia no estaba contra la ciencia.

Y, aunque a muchos les suene una de sus sedes, la central, la de Castel Gandolfo, donde se encuentra la residencia de verano de los papas, pocos conocen su segundo paradero.

Está en Arizona, en EEUU, concretamente en el Monte Graham, alejado de la contaminación lumínica. Allí está uno de los telescopios más modernos del mundo, de casi dos metros, que observa estrellas, galaxias o asteroides.

Por ejemplo, en 2012, dos astrónomos del Vaticano descubrieron dos asteroides. 14 años después, se les ha bautizado oficialmente con el nombre de dos santas polacas del siglo XX.

Una es Santa Faustina Kowalska, una monja canonizada en el 2000 por Juan Pablo II, conocida por su difusión a la devoción de la Divina Misericordia.

La otra es Santa Úrsula Ledóchowska, también elevada a los altares por el papa polaco en 2003, destacó por su papel influyente en el mundo educativo.

Pero estos no son los únicos. Existen asteroides que llevan el nombre de varios sacerdotes jesuitas que estuvieron involucrados en descubrimientos, e incluso uno tiene nombre de papa.

Se llama Boncompagni y es el nombre de Gregorio XIII antes de ser papa. Este pontífice fue el que mandó a reformar el calendario que se usa hoy en día y el que apostó por la astronomía en el Vaticano.

Pero se preguntarán: ¿cómo es posible que un asteroide lleve el nombre de un santo, un papa o un sacerdote? La respuesta es sencilla, pero el proceso es largo y lleva tiempo.

Todo empieza con el descubrimiento y un nombre provisional. Tras confirmar su órbita, se le asigna un número y ya se puede proponer un nombre que, ojo, tiene que cumplir unas reglas. No se permiten títulos comerciales, ni políticos, ni ofensivos.

Si todo está correcto, la Unión Astronómica Internacional lo aprueba, se convierte en definitivo, dejando su huella en el cielo para siempre.

CA

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