El papa comenzó el 22 de febrero los ejercicios espirituales de cuaresma; una semana en la que León no tendrá, en principio, ningún evento en su agenda. Pero no solo él; tampoco los altos cargos del Vaticano: sus secretarios, cardenales o prefectos de dicasterios.
En la capilla paulina, muy cerca de la Sixtina, Erik Varden, el monje noruego superventas, comenzó su ciclo de meditaciones para este timpo litúrgico, basado en dos ejes: el idealista y el realista, y aterrizando en tres conceptos: verdad, libertad y esperanza.
Para esta primera meditación, Varden le habló a la curia de lo que supone la cuaresma, es decir, un tiempo de cara a cara con lo que es esencial, dejando de lado todo lo que pueda distraer.
El obispo explicó el concepto de paz cristiana; que no significa que no haya problemas, sino seguridad en Dios en medio de ellos y para afrontarlos.
La instrumentalización del lenguaje y los signos cristianos debe ser cuestionada, no solo con indignación superficial, sino enseñando los términos de la auténtica guerra espiritual. Porque la paz cristiana no es una promesa de tranquilidad; es una condición para una sociedad transformada.
El obispo noruego buscó para este programa de meditaciones la inspiración en San Bernardo de Claraval, doctor de la Iglesia y monje cisterciense, orden a la que también pertenece Varden, que destacó en el siglo XII por unir dos caminos: supo compaginar la vida contemplativa de monje con su actividad dentro de la política eclesiástica.
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