Los lefebvrianos amenazan la ruptura con Roma. Corren el riesgo de quedarse sin obispos por motivos de edad y salud pero el papa aún no ha nombrado a nadie. Y ante las evasivas que llegan desde el Vaticano, esta institución, nacida en 1970, anunció que ordenarán a los obispos sin el mandato pontificio.
En la práctica esto supone un cisma: no es un atentado contra la fe de la Iglesia sino contra su unidad; por no obedecer en materia grave a lo que el sucesor de Pedro indique.
Y esto es lo que preocupa al cardenal Robert Sarah. En este semanal francés, ha dicho lo siguiente:
“Deseo expresar mi grave preocupación y mi profundo dolor (…). Como dice San Juan Crisóstomo: «La unidad de la Iglesia, preservada por el Espíritu Santo, es más preciosa que todas las riquezas de este mundo."
El cardenal, que fue el máximo responsable Vaticano en materia de liturgia, no está de acuerdo con el argumento esgrimido por los lefebvrianos. Ellos dicen que necesitan nuevos obispos urgentemente para asegurar la atención pastoral de sus fieles y para lo que llaman “asegurar la continuidad."
Sin embargo, el purpurado dice que esa actitud pone en riesgo un bien mayor.
“¿Es realmente querer la salvación de las almas desgarrar el Cuerpo Místico de Cristo de una manera quizás irreversible?”
De hecho les recomienda paciencia. Y les pone ejemplos de personas de Iglesia que sufrieron pacientemente situaciones injustas. Por ejemplo: el padre Pío.
“Quisiera recordar que San Pío de Pietrelcina fue injustamente condenado en vida por hombres de Iglesia. Durante doce años, se le prohibió confesar”.
El cardenal fue el responsable del Vaticano en materia de liturgia; uno de los puntos que más aleja a los lefebvrianos de Roma. Ellos prefieren el rito antiguo y rechazan el Concilio Vaticano II. Aunque Robert Sarah, en cambio, señala que ese modo de celebrar la misa solo alcanza su plenitud si se realiza en el espíritu de ese concilio.
JRB















