Actos como el que ven se hicieron virales en las redes sociales, y no solo por la profanación en el Altar de la Basílica de San Pedro, sino por la falta de medios que impidieron a este hombre orinar bajo el histórico baldaquino de Bernini.
El suceso llegó hasta la calle. Los propios peregrinos no entendían por qué no había sanciones y, sobre todo, más protección.
Un familiar mío por hacer pis en una calle en Madrid, que era imposible llegar a ningún baño, le multaron con 700 euros, o sea, que una buena sanción no les vendría mal.
Quizás deberías acercarte un poco más al altar cuando veas a alguien conocido a punto de hacer algo así. Podrías detenerlo. Arrastrarlo lejos, ¿sabes? Algo así.
No me parece lógico que una seguridad que haya en el Vaticano que dejen hacer ese tipo de cosas. Vamos a ver... Tienen que estar más pendientes.
De estos sucesos que generan una experiencia negativa en los visitantes, también se pronunciaron los máximos responsables de la basílica.
CARD. MAURO GAMBETTI
Arcipreste de la basílica de San Pedro
Lo que ha ocurrido es un hecho aislado, muy aislado, por lo que hay que tener en cuenta también todas las medidas preventivas que se aplican fuera de la basílica, así como todas las medidas activas y proactivas que se llevan a cabo dentro de ella. Normalmente, hay al menos 40, 50 o 60 personas encargadas de la vigilancia.
Tras varias quejas que ponían en duda la falta de seguridad en el Vaticano, la Basílica de San Pedro ha tomado medidas para reforzar la protección de uno de sus espacios más sagrados.
Se ha instalado esta barrera móvil que ven alrededor del Altar de la Confesión con el objetivo de impedir el acceso a espontáneos que busquen profanar el corazón de la cristiandad.
La estructura está compuesta por paneles de alta transparencia, pensados para reducir al mínimo el impacto visual y respetar el valor artístico y arquitectónico del templo.
En febrero, otro hombre se subió al mismo altar y arrojó candelabros al suelo. En 2023, una persona completamente desnuda protagonizó otra irrupción en señal de protesta por la guerra en Ucrania.
Tras el último incidente, se celebró un rito penitencial presidido por el cardenal Mauro Gambetti, durante el cual se recitó el Credo y se roció el altar con agua bendita para su purificación.
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