Es bien sabido que Roma es una de las ciudades con mayor concentración de obras de arte del mundo.
Y esto no es solo una percepción, sino un hecho respaldado por la historia: al haber sido el centro de poder durante más de dos mil años, generaciones enteras de artistas trabajaron allí y dejaron también sus obras como legado.
De las del artista Miguel Ángel se sabe casi todo... se calcula que realizó numerosos proyectos de arquitectura: iglesias, cúpulas y pinturas, entre ellas, los frescos de la Capilla Sixtina. También, más de 50 esculturas. Era su disciplina favorita.
Y ahora, en la iglesia de Santa Inés Extramuros, lugar donde fue enterrada la mártir romana, se ha redescubierto un busto que también se le atribuye al artista florentino.
Valentina Salerno es el nombre de la investigadora que ha llegado a esta conclusión tras un profundo estudio y análisis, que ha durado más de 10 años. No es historiadora del arte, pero lo ha descubierto consultando una amplia documentación, testamentos, diarios e inventarios.
Aunque siempre se creyó que era el rostro del Cristo Salvador, en realidad, se trata del caballero Tommaso de Cavalieri, amigo y colaborador de Miguel Ángel y considerado en su época 'El hombre más guapo de Roma'.
La estatua, hasta ahora ha sido considerada anónima, y Salerno dio con ella mientras buscaba el escondite en el que Miguel Ángel, antes de morir, guardó gran parte de sus obras, muchas de ellas inacabadas... una estancia en la Iglesia de San Pietro in Vincoli.
Fue allí donde le sugirieron acercarse hasta Santa Inés, lugar del que se encarga la Orden de los Canónigos Regulares Lateranenses, porque había un busto que podría ser de su interés. A pesar de ello, su propuesta aún no ha sido validada entre el resto de expertos de las creaciones de Miguel Ángel.
El ahora famoso busto, una obra que permaneció escondida durante casi 200 años, ahora recibe visitas casi a diario en una capilla lateral de la basílica de Santa Inés, en la Vía Nomentana, en Roma.
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