Ésta escena solamente puede verse una vez al año en el interior de la basílica de San Pedro
El último domingo de Cuaresma, en el Vaticano, se exponen apenas unos minutos el que fue el velo de la Verónica; el paño con el que se limpió el rostro de Jesús mientras cargaba la Cruz de camino al Calvario. Allí, de forma milagrosa, quedó impreso su rostro.
Se trata de una reliquia que conserva la Santa Sede desde el siglo III y cada año, cientos de peregrinos se reúnen bajo el baldaquino de Bernini para admirarla, y prepararse para el comienzo de la semana más importantes para los cristianos.
En una ceremonia presidida por el arcipreste de la basílica, Mauro Gambetti, continuó de esta forma la exposición de reliquias de la pasión de Jesucristo que conserva el Vaticano y que sólo se muestran al público durante la Cuaresma: la lanza Sagrada de Longinos y los fragmentos de la Vera Cruz son las demás.
PIETRO ZANDER
Museo del Tesoro de la basílica de San Pedro
Según la tradición, esta reliquia habría llegado precisamente desde Jerusalén a través de Verónica, una figura legendaria, una mujer que se llamaba Verónica, y cuyo nombre significa «verdadera imagen», es decir, verdadera imagen de nuestro Señor. En la tradición y en la literatura apócrifa, se cuenta que esta mujer, con un velo, secó el rostro de nuestro Señor en el camino del Calvario y que la imagen de Cristo quedó impresa en este velo que aquí se conserva.
Una oportunidad única en la que la que la breve exposición desde uno de los ventanales en el interior de la basílica nos recuerda lo que está por venir: el misterio de la fe en el cristianismo con la Resurrección y el valor de una de las devociones más antiguas.
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