Tras el incidente del Domingo de Ramos, llegó la reacción del primer ministro de Israel. En sus redes sociales publicó este mensaje. Permitiría el acceso pleno a la basílica del Santo Sepulcro a las autoridades de la Iglesia católica. Explicó que en las semanas anteriores habían endurecido las medidas de seguridad.
Para proteger a los fieles, Israel pidió a los miembros de todas las confesiones que se abstuvieran temporalmente de acudir a los lugares sagrados cristianos, musulmanes y judíos de la Ciudad Vieja de Jerusalén.
De hecho, recordó cómo uno de los ataques iraníes dejó fragmentos de misil sobre la Iglesia del Santo Sepulcro.
El cardenal había tenido que celebrar el Domingo de Ramos fuera de la basílica. Y calificó esta decisión de las autoridades israelías como “irracional” y “desproporcionada”, aunque más tarde matizó sus declaraciones ante la televisión de los obispos italianos y dijo que hubo malentendidos.
La situación había provocado el clamor de la comunidad internacional. Países como Italia o Francia reaccionaron inmediatamente contra el gobierno de Israel. Pero tras constatar que se había tratado, presuntamente, de un problema de comunicación, las aguas parecen haberse calmado.


















