Beatriz Alonso de Medina
¿Sabías que uno de los puentes más transitados de Roma es, en realidad, un recorrido sobre la Pasión de Cristo?
Lo curioso es que muchos pasan sin darse cuenta.. Pero cada vez que alguien cruza el Puente de Sant'Angelo, camina acompañado por diez ángeles que, a través de distintos objetos, aluden la historia de la crucifixión.
Cada figura representa una escena concreta de la Pasión: desde la columna donde Cristo fue atado para ser azotado, hasta las cuerdas, la corona de espinas o el velo con el que Verónica limpió su rostro.
Las esculturas están colocadas en parejas guiando la mirada del visitante de un momento al siguiente, como si fuera un relato visual continuo.
A medida que se avanza, aparecen elementos clave de la historia: la túnica que los soldados se sortearon, representada junto a unos dados, los clavos, la cruz que Cristo cargó o la inscripción con su nombre.
Al final del recorrido, se muestran los símbolos de sus últimos momentos: como la lanza que atravesó su costado o aquella con una esponja bañada en vinagre para darle de beber.
Este puente no siempre fue así. En realidad, fue construido en el año 134 d.C. por el emperador Adriano para conectar la ciudad con su mausoleo, el actual Castillo de Sant’Angelo.
No fue hasta el siglo XVII cuando el papa Clemente IX encargó a Bernini y a su taller, transformar el puente en una especie de “Vía Crucis” al aire libre añadiendo estos diez ángeles.
Más que simples adornos, estas esculturas fueron pensadas como un relato que acompaña al visitante paso a paso, invitándolo a detenerse y descubrir detalles que, aunque están a la vista de todos, muchas veces pasan desapercibidos.




















