Ana Torres Fonseca
Andrea, Gabriele, Francesco, Clody, Federico, Marco, Pietro, Matteo Giuseppe, Simone, Enrico y Renzo no son los 12 apóstoles del Señor pero actuaron como tal en la celebración de los oficios del Jueves Santo, durante el lavatorio de pies que llevó a cabo León XIV.
Y es que, el dato más curioso de todo es que once de estos doce, fueron ordenados por el mismo papa León XIV el pasado mayo, días después de su elección como pontífice.
Todo esto tuvo lugar en la basílica de San Juan de Letrán, en la catedral de Roma, y de ésta forma, el papa León XIV retomó así la tradición de celebrar el inicio del Triduo Pascual en ésta basílica papal a diferencia de lo que realizaba el papa Francisco: llevar a cabo el lavatorio de los pies en las diferentes cárceles de la capital italiana.
PAPA LEÓN XIV
Lo que el Señor nos muestra, tomando el agua, la palangana y el delantal, es mucho mas que un modelo moral. De hecho, nos entrega su propia forma de vida; lavar los pies es un gesto que resume la revelacion de Dios, un signo ejemplar del Verbo hecho carne, su memoria inconfundible.
León XIV, en su primera celebración de la Eucaristía del Jueves Santo, recordó cuál es el misterio de la fe que a lo largo de los próximos días experimenta el pueblo cristiano: un amor hacia la humanidad por encima de todas las cosas.
PAPA LEÓN XIV
No ofrece su ejemplo cuando todos estan felices y lo aprecian, sino en la noche en que fue traicionado, en la oscuridad de la incomprension y la violencia, para que quede bien claro que el Señor no nos ama porque seamos buenos y puros; nos ama, y por eso nos perdona y nos purifica.
Al ser ésta representación de la Última Cena del Señor, se instituye de ésta forma la Eucaristía, con la consagración del pan y el vino y también el sacerdocio.
PAPA LEÓN XIV
En los obispos y en los presbiteros, constituidos ≪sacerdotes del Nuevo Testamento≫ segun el mandato del Senor reside el signo de su caridad hacia todo el Pueblo de Dios, al que estamos llamados a servir, amados hermanos, con todo nuestro ser
Después de la Consagración, el Papa llevó el Santísimo Sacramento al lugar de la reposición, en la capilla de San Francisco y se realizó en motivo del recuerdo de la entrega de Jesús a su Pasión.


















