El 2 de febrero, los católicos de todo el mundo celebran la Fiesta de la Presentación del Señor. Situada a mitad de camino entre el solsticio de invierno y el equinoccio de primavera, y cuarenta días después de la Navidad, esta fecha conmemora la presentación del Niño Jesús en el Templo por María y José, y antiguamente marcaba el final del tiempo de Navidad.
La fiesta incluye la bendición de las velas que los fieles utilizan en sus hogares a lo largo del año siguiente como símbolos de la luz de Cristo. Por ello, llegó a conocerse como “Candelaria”.
La celebración también es conocida como la Fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen María, ya que corresponde a la tradición judía de la purificación de la mujer treinta y tres días después de la circuncisión de un niño. En 1997, el papa san Juan Pablo II instituyó en esta misma fecha la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, para reconocer la gran contribución de la vida consagrada en la Iglesia.
Aunque la festividad se remonta al siglo III en la tradición oriental, la Candelaria ganó popularidad en el siglo V bajo el papa Gelasio I. Muchos historiadores sugieren que el pontífice pudo haber introducido esta fiesta como sustitución de festivales romanos en honor a dioses paganos de la fertilidad, como las Lupercales y las Februa.
Sin embargo, desde el siglo V, la Candelaria ha seguido creciendo en popularidad, y sus tradiciones han evolucionado en diversos países católicos.
En Francia, la costumbre de comer crepas se atribuye al mismo papa Gelasio I. Su color dorado y su forma circular representan la Eucaristía y la luz de Cristo.
En España, la Fiesta de las Candelas incluye hogueras, desfiles de velas bendecidas y procesiones de la imagen de la Virgen María, acompañadas de música, danza y trajes tradicionales.
Cuando los españoles llevaron esta festividad a Centro y Sudamérica, las tradiciones cristianas se mezclaron con festivales ya existentes dedicados al dios azteca de la lluvia. Las procesiones de la Virgen de la Candelaria llenan las calles de danzantes de vivos colores, y las familias se reúnen para preparar grandes cantidades de tamales con los que alimentar a la comunidad.
P. JUAN MANUEL ESTRADA
ORIG. ESP.
Sacerdote, Colegio Pontificio de México
Una figurilla del Niño Jesús que representa precisamente al niño que se esconde de la persecución del rey Herodes. Y quien la encuentra, de alguna manera, también se convierte en el rey de la fiesta. Pero ese niño también trae un compromiso. Porque quien encuentra al Niño —decimos en México— tiene que invitar los tamales el 2 de febrero. Y así, de manera popular, el gesto de encontrar al Niño significa que el 2 de febrero te toca invitar los tamales.
Y bueno, el 2 de febrero en México es tradicionalmente cuando muchas familias que ya habían acostado al Niño Jesús en el pesebre el 24 de diciembre, lo levantan; usamos este gesto de “levantar” porque el Niño es vestido con algún ropón o vestimenta, y es llevado a las iglesias para ser bendecido.
Aunque la Candelaria está influida por varias culturas no cristianas en todo el mundo, la celebración se ha convertido en una de las fiestas más reconocibles visualmente de la Iglesia y se vive profundamente en el corazón de los fieles de todo el mundo


















