Hay distintos modos de romper con Roma: están los herejes, que niegan una verdad de fe. Están los apóstatas, que no rechazan una verdad sino todo. Y están los cismáticos; aquellos grupos que abrazan la fe pero rompen la unidad de la Iglesia y, concretamente, con el romano pontífice.
Para el Vaticano, lo que está haciendo la Fraternidad Sacerdotal Pío X, comúnmente conocidos como lefebvrianos, es eso: un cisma. Quieren ordenar obispos sin la aprobación papal; algo que el Código de Derecho Canónico condena en el punto 1387.
El 12 de febrero hubo una cumbre en Roma. El Vaticano pidió que la Fraternidad cancelase las ordenaciones de obispos anunciadas para el uno de julio. Les ofrecieron a cambio una mesa de diálogo teológico. Porque detrás de todo; el problema de fondo, es el Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica que la Fraternidad rechaza.
Tras varios días de reflexión, los lefebvrianos anunciaron su decisión: seguirán adelante con las ordenaciones, que mantendrán el 1 de julio. Señalan que la mesa de diálogo del Vaticano es forzada. Porque...
La mano tendida con la que se propone dialogar está acompañada por otra que ya está preparada para castigar.
En otras palabras: no ven diálogo teológico posible si la meta ya está predefinida: adaptarse a Roma. En cualquier caso, no se trata de una decisión fácil para las dos partes. En los últimos años las relaciones se habían hecho más fluidas. Así lo aseguraba el responsable del vaticano encargado del diálogo con la Fraternidad.
GUIDO POZZO
Secretario, Pontificia Comisión Ecclesia Dei
He notado que ya no hay un espíritu polémico sino constructivo y que los diferentes puntos de vista u opiniones que tenemos sobre algunos temas no tienen por qué llevarnos necesariamente a la división, sino a un enriquecimiento mutuo.
La Fraternidad nació en 1970. Su carisma está centrado en la formación sacerdotal. Sin embargo fue una institución muy crítica con algunos aspectos clave del Concilio Vaticano II; como el ecumenismo, la colegialidad episcopal o la reforma litúrgica. Tanto es así que a finales de los 80 su fundador, Marcel Lefebvre, provocó ya un cisma precedente al ordenar obispos sin aprobación pontificia. En 2009 Benedicto XVI los readmitió y se abrió una etapa de mayor diálogo que ahora, parece que volverá a romperse.
JRB




















