La homilía del Papa León XIV durante la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo puso el acento en el profundo significado del amor de Cristo, que se entrega plenamente en la Eucaristía y en el gesto del lavatorio de los pies. El Pontífice invitó a los fieles a no vivir la liturgia como espectadores, sino como participantes activos en la Última Cena, donde Jesús se hace alimento y revela un amor “hasta el extremo”, incluso en medio del mal y la fragilidad humana.
En su reflexión, destacó que el lavatorio de los pies no es solo un ejemplo moral, sino la manifestación concreta del modo de actuar de Dios: un amor que sirve, se arrodilla y se entrega. Frente a la lógica del poder y del éxito, el Papa subrayó que la verdadera grandeza divina se expresa en la humildad y el servicio, desmontando las falsas imágenes de un Dios distante o utilitario. En este sentido, llamó a los fieles a dejarse transformar por ese gesto y a aprender a amar siguiendo el estilo de Cristo.


















