El exorcista que trabajó en una cárcel: “Hay una prisión en tu corazón”

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31/10/2026
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Natalia Dedinsky

¿Cómo saber si se está frente al mal? ¿Cómo distinguir si una persona está poseída por el demonio?

El rito de exorcismo solemne está muy regulado por la Iglesia, que exige un permiso explícito del obispo para su realización. Quien lo ejecuta es llamado exorcista y debe estar capacitado para reconocer al demonio.


Uno de los lugares donde hay presencia satánica es la cárcel. El sacerdote estadounidense John Farao tuvo la oportunidad de formarse en sanación y liberación para ejercer este ministerio.

P. JOHN FARAO
Capellán penitenciario

Conseguí un vuelo gratis, un lugar donde vivir y el Estado de California me pagaba, como si estuviera trabajando en California, y así pude ir a Roma a estudiar exorcismo. Bueno, eso es una auténtica obra de Dios porque el Estado de California no suele hacer estas cosas.

Tras completar el curso y convertirse en el exorcista de la diócesis, el P. Farao regresó a su servicio como capellán en la prisión, donde pudo realizar exorcismos menores y liberaciones.

Recuerda que muchas veces los presos reaccionaban con fuerza ante sus oraciones o incluso mostraban tenerle miedo.

P. JOHN FARAO
Capellán penitenciario

Solo los miraba a la cara y les decía: "Me tienes miedo". Estoy hablando de hombres grandes, que han estado en peleas de bandas gigantescas, a los que nada intimida. Y decían: "Sí. Por alguna razón te tengo miedo". Yo les decía: "No creo que me tengas miedo a mí, porque no soy tan grande ni tan fuerte. Así que no creo que me tengas miedo a mí". Solo me miraban. Y yo añadía: "Algo dentro de ti me rechaza porque soy sacerdote".

A veces, tras rezar por un recluso, el demonio se alejaba y no volvía. Otros no pudieron ser liberados definitivamente. Muchos de los que sí fueron sanados descubrieron luego que el mal estaba arraigado en su familia, involucrada en cultos satánicos.

Los presos a menudo se sorprendían porque el mal había influido en sus decisiones más profundas. Algunos experimentaban la libertad después de ser sanados.

P. JOHN FARAO
Capellán penitenciario

No puedo hacer nada con las rejas y los barrotes. Pero hay una prisión en tu corazón donde te odias a ti mismo y no puedes vivir bien contigo mismo. En ese lugar, ahí sí te puedo ayudar.

Tras experimentar la sanación, muchos prisioneros querían hablar con el P. Farao. Por primera vez, comenzaban a tener autoestima y dejaban de sentir odio hacia sí mismos.

El franciscano les ofrecía el amor y la misericordia de Dios. A su modo de ver, en la pastoral penitenciaria es fundamental ayudar a perdonarse y a aceptar el perdón.

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