Daniel del Castillo González
El Papa ha presidido la misa del 2 de noviembre, la Conmemoración de todos los fieles difuntos en el Cementerio del Verano.
León XIV ha comenzado su visita con una oración. Ha depositado un ramo de flores con los colores del Vaticano, en un gesto silencioso de recuerdo por todos los difuntos.
En su homilía, León XIV ha partido del Evangelio de las Bienaventuranzas para llevar la mirada hacia las víctimas de los conflictos actuales.
LEÓN XIV
En este momento queremos rezar por quienes han perdido recientemente a un ser querido; en particular, por aquellos a quienes la absurda violencia de la guerra se lo ha arrebatado. ¡Que las lágrimas de tantas madres, de tantos niños y de tantos ancianos conmuevan las conciencias de quienes tienen el poder de hacer callar las armas!
El papa ha querido conectar así el sufrimiento de las familias que han perdido a sus seres queridos con la realidad de los conflictos que siguen dejando víctimas en todo el mundo.
El otro eje de su reflexión ha sido la comunión de los santos, la unión espiritual entre los fieles vivos y quienes ya han fallecido, y guían el camino al cielo.
LEÓN XIV
La fe en Cristo nos dice que nuestro vínculo con los fieles difuntos no se ha interrumpido, sino que se ha transformado. Mediante la oración de sufragio acompañamos a nuestros seres queridos hacia la plena comunión con el Señor, esa comunión que ya podemos pregustar aquí, en el sacramento de la Eucaristía.
León XIV acude al Verano por segundo año consecutivo. Una tradición que retomó Francisco en 2013 y que había inaugurado Juan Pablo II en 1979.
El camposanto debe su nombre al antiguo Campo de los Verani, una familia senatorial de Roma.
Su transformación recibió un impulso decisivo con Pío IX, que encargó la construcción de buena parte del recinto.
La celebración del 2 de noviembre tiene una historia de más de mil años. En el año 998 san Odilón de Cluny, abad benedictino, estableció que sus monasterios dedicaran el 2 de noviembre a rezar por todos los difuntos.















