“Si alguno quiere servirme, que me siga” con este versículo, el papa León ha celebrado la misa anual en sufragio de los cardenales y obispos fallecidos durante el último año.
El papa ha recuperado así una historia de la familia de san Agustín, la despedida de santa Mónica de sus dos hijos, Agustín y Navigio.
Mónica viajaba con Agustín de regreso al norte de África después de haberle acompañado en su conversión. Antes de morir, dejó a sus hijos una petición.
LEÓN XIV
Al despedirse de sus hijos, Agustín y Navigio, poco antes de morir, santa Mónica les dijo: «Solo os pido una cosa: que os acordéis de mí, dondequiera que estéis, ante el altar del Señor».
La referencia no es casual. La primera lectura de la misa también procede de un episodio relacionado con la oración por los fallecidos.
LEÓN XIV
No se nos ahorran las pruebas ni los sufrimientos, nos guía y sostiene una promesa: la de una comunión sobre la que la muerte no tiene poder.
No permitamos, por tanto, que el recuerdo de los difuntos se reduzca a una mera nostalgia.
Entre los cardenales fallecidos figuran el italiano Camillo Ruini, el hombre que investigó Medjugore, el checo Dominik Duka y el Cardenal Pengo.
Además del Obispo de Honduras que murió inesperadamente en el Aeropuerto de Madrid, cuando iba de camino a Roma para la visita Ad Limina.
Y hace pocos días fellecieron en Perú otros dos obispos, en la previa del viaje del papa a su tierra.
LEÓN XIV
Rezar en sufragio de los difuntos significa celebrar la vida. Ante todo, la vida resucitada de Cristo Señor y, por su gracia, también la nuestra, que resucita en Él.
La celebración ha reunido así el recuerdo de sus pastores, una misa que el Vaticano celebra cada noviembre para encomendar a quienes dedicaron su vida al servicio de la Iglesia.Daniel del Castillo González
















