Papa celebra Divina Misericordia: Se corre el riesgo de un virus peor. El de la indiferencia

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20/04/2020
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El Papa salió de los muros del Vaticano en medio de la pandemia para celebrar un día especial: el de la Divina Misericordia. Por eso presidió una Misa en el santuario de Santo Spirito in Sassia, a escasos metros de la basílica.

Juan Pablo II encomendó a esta iglesia fomentar la devoción a la Divina Misericordia en Roma. En el año 2000 canonizó a Faustina Kowalska, conocida por ser quien difundió esta devoción en la primera mitad del siglo XX.  

Francisco celebró la Misa con los colaboradores indispensables y en su homilía retomó las ideas que tanto predicó en el Jubileo Extraordinario de la Misericordia de 2016.

FRANCISCO
“Dios quiere que lo veamos así, no como un patrón con quien tenemos que ajustar cuentas, sino como nuestro Papá, que nos levanta siempre”.

En la ceremonia el Papa reflexionó sobre cómo la humanidad está reaccionando ante la pandemia. Espera que haya solidaridad entre los países y que se ayuden unos a otros para salir de la emergencia sanitaria.

FRANCISCO
El riesgo es que nos golpee un virus todavía peor, el del egoísmo indiferente, que se transmite al pensar que la vida mejora si me va mejor a mí, que todo irá bien si me va bien a mí. Se parte de esa idea y se sigue hasta llegar a seleccionar a las personas, descartar a los pobres e inmolar en el altar del progreso al que se queda atrás.

Por eso dijo que de la emergencia sanitaria se debe sacar la lección de que no hay nadie invulnerable y de que todos necesitan ayuda. 

FRANCISCO
Pero esta pandemia nos recuerda que no hay diferencias ni fronteras entre los que sufren: todos somos frágiles, iguales y valiosos. Que lo que está pasando nos sacuda por dentro. Es tiempo de eliminar las desigualdades, de reparar la injusticia que mina de raíz la salud de toda la humanidad. Aprendamos de la primera comunidad cristiana, que se describe en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

De hecho esta fue la idea que transmitió en la tarde de oración extraordinaria por el fin de la pandemia, cuando rezó en soledad, bajo la lluvia, ante una plaza de San Pedro vacía.

Esta fue la segunda vez que Francisco salió del Vaticano desde que se decretó la cuarentena. En la otra ocasión salió para rezar ante el crucifijo de la iglesia de San Marcelo para rezar por los afectados por el coronavirus y para pedir el fin de la pandemia.

Javier Romero

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