Tras los años marcados por la pandemia y el conflicto iniciado el 7 de octubre de 2023, el turismo relacionado con Tierra Santa comienza a mostrar señales de recuperación turística.
El Ministerio de Turismo de Israel calificó el 2025 como un año de inflexión, con 1,3 millones de llegadas internacionales. Aunque la cifra está lejos de los niveles de otros años previos a 2020, este cambio supone ahora un avance.
Solo de Estados Unidos viajaron unas 400.000 personas, país al que sigue Francia y Reino Unido. Cada turista gastó más dinero, con un promedio de 1.600 dólares, frente a los 1.400 del año anterior, sin contar el coste de los vuelos. Sin embargo, las estancias fueron más cortas: una media de nueve noches, frente a las 11 de 2024.
Según han informado las autoridades, este repunte gradual se podría deber a dos factores: por un lado, el restablecimiento de las conexiones aéreas y, por otro, parece que se está perdiendo el miedo por parte de los peregrinos a regresar a Tierra Santa, a pesar de que todavía no se ha logrado la paz en la región.
Una encuesta oficial reveló que el 88 % de los visitantes se declaró satisfecho con su experiencia y que el 83 % lo recomendaría como destino.
Está claro que la gran mayoría de las visitas se debe al gran atractivo espiritual de la zona, lo que convierte, por ejemplo, Jerusalén en una de los destinos religiosos más cotizados del mundo.
La ciudad es sagrada para judíos, cristianos y musulmanes, lo que atrae a millones de peregrinos cada año. Allí se encuentran lugares clave como el Santo Sepulcro, el Muro de las Lamentaciones y la Explanada de las Mezquitas.
Además, el país concentra en un territorio pequeño miles de años de historia bíblica. Es el lugar donde nació y murió Jesús. Esto hace que, muchos, el viaje tiene un significado espiritual que va más allá del turismo.
Todo esto hace que el retorno de los viajeros tenga un valor que va más allá de lo económico y se interpreta como una señal de una futura estabilidad.
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