Este gesto, de pasar rápidamente el dedo por la pantalla, para ver fotos, comentarios breves o vídeos no nos hace más inteligentes. ¡Al contrario! Está demostrado que los sistemas informáticos más inteligentes nos ofrecen contenidos que entretienen y enganchan a la pantalla, al tiempo que debilitan nuestra capacidad de escucha y pensamiento.
¿Y cuál es el problema? Lo explica de forma clara el Papa León XIV en su mensaje para las Comunicaciones Sociales de este año 2026. Asegura que desde hace tiempo hay pruebas de que los algoritmos premian las emociones rápidas y penalizan expresiones humanas que requieren más tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión.
Un resbalón de una persona debido a la nieve, un ladrón que es cazado in-fraganti, en pleno delito, o una sorpresa en el domicilio, son imágenes que nos pueden divertir unos segundos, que nos hacen olvidar el presente. Pero está claro que no aportan profundidad, ni nos mejoran nuestra vida diaria.
León XIV menciona tres riesgos de una Inteligencia Artificial sin control. El primero, la falta de reflexión ante los problemas o desafíos de hoy en día. Es más cómodo dejarse llevar por imágenes o sensaciones, que dedicar tiempo a buscar una solución inteligente propia.
Hay una frase, en el documento de las Comunicaciones Sociales que resume bien esta idea. Dice:
“Aunque la IA puede proporcionar apoyo y asistencia en la gestión de tareas comunicativas, eludir el esfuerzo de pensar por nosotros mismos y conformarnos con una recopilación estadística artificial, a la larga corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas”.
Y es que cada vez es más frecuente que busquemos la respuesta rápida de internet antes que tener que sacar nuestras propias conclusiones. Es algo que afecta, y mucho, a la creatividad humana, donde algunos textos, música y video ya son fruto de una denominada inteligencia que se basa en modelos preexistentes.
Todo esto presenta también un segundo inconveniente. Y es la simulación de las relaciones personales. En la medida en que muchos sistemas se presentan de forma amable y nos responden a inquietudes y dudas que antes resolvían personas cercanas, podemos terminar por limitar la interación personal. Es algo especialmente peligroso en los menores de edad o los ancianos, personas vulnerables a quienes estos falsos amigos, disponibles las 24 horas del día, pueden manipular. Una persuasión, gracias a imágenes o voces artificiales, que va desde intereses comerciales hasta explotación infantil o robo de datos, como tristemente vemos tan a menudo.
Todo esto que dice el Papa está directamente relacionado con la limitación del uso de redes sociales a menores de edad que ha comenzado en Australia y que se propone ya en Francia y otros países europeos. Y es que ya no hablamos de un riesgo tecnológico sino antropológico, que afecta al ser y la dignidad de cada persona.
Y un tercer desafío que plantean estos sistemas inteligentes es la parcialidad. En la medida en que buscan nuestra permanencia en la red, para poder insertar más publicidad, tratan de darnos contenido que nos agrade. De esta forma, al evitar contenido que sea contrario a nuestra visión política o social, nos confirma ideas preestablecidas y evita el diálogo, el conocer propuestas diversas. Así, se va conformando una realidad paralela, que tiende a reforzar nuestra forma de pensar y despreciar a quienes plantean visiones alternativas.
Por eso es posible encontrar hoy personas que te mencionan la enorme difusión de una devoción concreta o una manifestación de piedad… que no es tan amplia como piensan. El problema es que la red social que usa esa persona concreta sabe que ese contenido le va a interesar y se lo propone allí donde lo encuentre, aunque sea en la otra parte del mundo.
Estos riesgos de polarización, de falta de pensamiento crítico y de falsas relaciones sociales, de los que habla el Papa León XIV, tienen especial incidencia en quienes menos controlan la tecnología o carecen de formación, serían una suerte de analfabetos digitales. Y por ello, una de las soluciones que el pontífice norteamericano plantea es la insistencia en la formación. Es preciso educar a los jóvenes para que conozcan los desafíos y las estrategias de los gigantes digitales, que afronten con juicio crítico y prudencia las propuestas de la red.
También habla León XIV de responsabilidad por parte de los gestores de quienes gestionan las plataformas digitales. No pueden dejarse llevar por el mero beneficio, sin atender a las consecuencias que pueden tener en los más jóvenes o vulnerables. Y ahí también las autoridades deben velar porque la responsabilidad social de esas compañías sea auténtica.
Y por último, el Papa habla de la necesidad de que haya cooperación. Desde la industria tecnológica, hasta los legisladores, quienes se dedican a la información o los periodistas. Es precisa una implicación y colaboración de toda la sociedad, ya que es una realidad que tiene impacto en nuestras vidas y, sobre todo, en la de las generaciones futuras.
El documento del Vaticano termina afirmando que “al igual que la revolución industrial exigía una alfabetización básica para que las personas pudieran reaccionar ante las novedades, la revolución digital también requiere una alfabetización digital, para comprender cómo los algoritmos modelan nuestra percepción de la realidad”.
Es una propuesta concreta y clara, ante un desafío que afecta, según asegura el Papa, a los pilares de nuestra civilización… Como para no preocuparse.
AO
















