Carmen Álvarez Cuadrado
Es la noche más importante del año para los católicos. No hay luz, todo está oscuro... Cristo está muerto... Con esta impactante imagen, llegaba León XIV a su primera vigilia pascual como pontífice...
Y, tras la bendición del fuego, encendió el cirio pascual, el símbolo por excelencia de la Resurrección, que tiene una particularidad: está hecho con cera natural de abeja.
De esa llama, se encenderán todas las velas del templo. Cristo está vivo. Y, ahora sí, de las tinieblas a la luz.
Al terminar la procesión de entrada, comenzó el 'Exultet', es decir, el canto del himno pascual.
La vigilia pascual es conocida como la madre de todas las vigilias. Y su explicación la dio en la homilía el propio León XIV.
LEÓN XIV
Queridos hermanos, esta es una Vigilia llena de luz, la más antigua de la tradición cristiana, llamada “madre de todas las vigilias”. En ella revivimos el memorial de la victoria del Señor de la vida sobre la muerte y el infierno.
El Evangelio del día contaba cómo las mujeres llegaron al sepulcro y esperaban encontrarlo cerrado por una gran piedra, pero finalmente de lo que fueron testigos fue de la Resurrección.
León señaló que esa piedra es el pecado, la que encierra y separa de Dios, y la comparó con lo que sucede hoy en el mundo, donde hay piedras que parecen inamovibles.
LEÓN XIV
Algunas oprimen el corazón del hombre, como la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor; otras, consecuencia de las primeras, rompen los lazos entre nosotros, como la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones. ¡No dejemos que nos paralicen!
Como marca la tradición de ese día, y siguiendo lo que hicieron los primeros cristianos, el papa bautizó a diez catecúmenos procedentes de la diócesis de Roma, de Corea, Gran Bretaña y Portugal.





















